Sí. Lleva ochenta años haciendo aguas. Desde que permanezco sentado, aún no ha tocado fondo. Y eso que, de alguna manera, se partió por la mitad, y todos se ahogaron, y yo sobreviví. Estoy sentado en la otra mitad; la mitad que no va para el fondo, que permanece como una estatua o escultura griega, medio anegada por las aguas. Y aún no ha pasado un guardacostas, o algún helicóptero con intención de rescatarme. Sólo me queda esperar. Gasté las últimas municiones de esperanza. Y esta parte, entre que flota y se hunde, no prodigará buenas nuevas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario