El sueño fue muy vivo. Aún se sorprendía de la belleza de la tierra roja, el color sangriento de la tierra, la sensación de que parecía un mundo soñado; pero había lagos y agua. Extraño porque el agua se encontraba dentro y no fuera. Los edificios en forma de cráteres levantados, y el cielo rojo. Era Marte, sin duda, pero un Marte idealizado, en donde se podía respirar. Y una luna que parecía un planeta.

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