Entradas Universales

viernes, 12 de marzo de 2010

Lo que hay que ver, cuando no quieres mirar

La imagen de España se está cayendo a pedazos. No hay más que ver las pésimas actuaciones de nuestro Presidente. Es el payaso del grupo que no se pierde ni una sola instantánea. Primero, porque ha hecho que el resto del mundo pierda el respeto a España. Segundo, que los isleños británicos quemen nuestra bandera; qué vamos, que si veo una bandera británica la maltrataré hasta que reviente el simbolito, y de paso, vomito encima de la Reina Madre, aunque sea en el billete de diez libras; tercero, que prefiero no mirar, que ya, hasta en el otro lado del charco, no somos nadie, y eso que nos descubrió el Nuevo Mundo, Colón el Genovés. En fin, lo que hay que ver, cuando no quieres mirar.

lunes, 8 de marzo de 2010

No tan maduro

Nos llueven críticas desde Venezuela, y sólo porque nuestro juez ha hecho lo que debería hacer desde hace mucho tiempo. Y encima, tenemos que dar las gracias, y que llamen a nuestros magistrados mafiosos y franquistas, que lo segundo no es un insulto. En primer lugar, habría que vigilar las infracciones a la justicia que se comete en la República Bolivariana, por el chivo de Chaves, que es el mismo Chaves. Luego, que aprenda a mirar la viga en su ojo, que parece que no la ve, pero está ahí. Y luego, que el ministro Maduro, con esto de recordarnos nuestro pasado, demuestra un total desconocimiento de la reciente Historia de España. Las tonterías que hay que oír... Los venezolanos que residen aquí, por lo menos muestran respeto; pero, encima, que llamar mafioso a la oposición, es un tanto exagerado. En realidad Maduro debería seguir el consejo de Will Smith en "Dos Policías Rebeldes 2": critica al juego, no al jugador, y haber si se cae del árbol alguna vez. (No caerá esa breva).

martes, 2 de marzo de 2010

¿Llegará con la lluvia?


Desde que la vi, por primera vez, ya no he tenido noticias de ella. Vista un día, desapareció; y no creo que vuelva, porque es lo que me pasa casi todos los días. Viene con el Sol, y uno duda si llegará con la lluvia. De lo contrario, casi nunca llega, o regresa, o no lo hace, y me quedo esperando, sin noticias (pero no es Gurb), y espero, y luego me doy cuenta de que la he perdido para siempre. De todos modos, siempre la pierdo el primer día. Eso pasa por mi magnetismo animal, que luego deja mucho que desear; sólo queda esperar, a que salga el Sol, o a su llegada con la lluvia. Si sucediera alguna vez...

jueves, 25 de febrero de 2010

Febrero

Lluvia y nieve y lluvia. Inundaciones en Andalucía. En Galicia. En Tenerife. Ya lo vaticiné; pero me miraron perplejos. Continuan las catástrofes. Aún no han terminado. Parece que este Febrero quiere desquiciar al Mundo, o ya lo ha hecho. Lo llevo diciendo desde el Diciembre pasado. Y lo que nos queda.

martes, 16 de febrero de 2010

El Barco Se Hunde 3: Rescatado, o casi

Aquí estoy, esperando. Mis ropas están rotas y consumidas. Escucho el vibrar de las hélices de un medicóptero. La noche se echa encima, y atisbo los focos. Poco después, es cuestión de segundos. Desciende una suerte de astronauta, de rojo y amarillo; y me dice: ¡Ahora no es el momento, vendremos dentro de DIEZ años!-¡Hay que j...!-exclamo. Y el payaso de rojo y amarillo me abandona, porque mis índices de popularidad han descendido.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El Barco se hunde 2: Desde hace ochenta años

Sí. Lleva ochenta años haciendo aguas. Desde que permanezco sentado, aún no ha tocado fondo. Y eso que, de alguna manera, se partió por la mitad, y todos se ahogaron, y yo sobreviví. Estoy sentado en la otra mitad; la mitad que no va para el fondo, que permanece como una estatua o escultura griega, medio anegada por las aguas. Y aún no ha pasado un guardacostas, o algún helicóptero con intención de rescatarme. Sólo me queda esperar. Gasté las últimas municiones de esperanza. Y esta parte, entre que flota y se hunde, no prodigará buenas nuevas.

viernes, 5 de febrero de 2010

El barco se hunde

El barco se está hundiendo. Nos arrastra a todos con él. Tira con fuerza hacia abajo, y la atracción de la gravedad hace el resto. El barco. Se hunde. No hay escapatoria posible. Aprovecho para agenciarme un flotador, que me empuja por la inercia, y por el aire, hacia la superficie. Me quedo solo, mientras el armazón de la nave desaparece en el agua, y lo engulle con un torbellino. Todo ocurrió durante la noche. Al día siguiente me rescatan. Pero en mi mente aún estoy bajo el mar (que, desde luego, no es nada romántico) con mis compañeros, los extraños, y los cadáveres hinchados de los desconocidos.