![]() |
| Tampoco la profe le deja "jugar" a Juancar Monenedero |
En las palabras de Monedero: "Los míos me han abandonado", porque no le llaman, ni le invitan a los plenos o reuniones, no parece que haya algún rastro de amargura. Piensan los medios que se trata de una estrategia de PODEMOS, y del Coletas, para intentar alguna. Ni le llaman al móvil, ni le informan, ni nada. Conociendo todo el mundo los chanchullos y desplantes de este partido político, no es de extrañar que, cuando dicen Diego, se desdicen, y sueltan algunas palabrejas anunciando que harán limpieza, cuando serán ellos los que vienen a ensuciar. Hecho sorprendente, porque tanto Monedero, Errejón y Pablemos, no tienen la capacidad para formar gobierno, y lo único que quieren construir es un calco de la desastrosa Venezuela en crisis. Pero les pasa por darse a conocer en los medios, que son unos cansinos, en vez de mítines, que es lo que hacen los dudosos políticos profesionales. En estos momentos, Monedero llora porque no le dejan jugar al fútbol político, y no le permiten que llegue a cabo actividades extraescolares, y llora porque no puede hacerse el gallito con Montoro (el gallito que se esconde en la pluralidad, como dicen ellos): "Montoro, no tengo nada que esconder. Te esperamos. No te tenemos miedo". Se supone que el provocador del chanchullo fue el propio Monedero, de manera que su gallismo es una fanfarronería. Si la picia la hiciste tú, no necesitas protegerte con la mayoría. Monedero está condenado a desaparecer, algún día...







El Zejador herido de muerte. Su poder se ha extinguido definitivamente. Estaba cantado desde el principio; pero no quiere abandonar la Moncloa, después del mal que ha provocado a España. Ha perdido feudos rojos, en casi toda la Península, y su partido se ha desconchado, como la cal en una pared mal tirada, o como las pintura mal encostrada. Ya era hora. Pero el final, lo sabíamos todos. Le han traicionado los suyos, a los que era muy fácil engañar, después de la retahíla de despropósitos que hemos tenido que aguantar. Insultos de sus secuaces a sueldo entero, como Pepino Blangollum, que no ha dejado, durante toda la campaña, de desprestigiar a la Oposición, con sus artes de gallito-hobbit-pervertido de pelea.





