
En verano, se ha puesto de moda provocar incendio. Pero mi mensaje no es ecológico, sino judicial. ¿Qué daño han hecho estos paisajes a las personas, para que sufran las consecuencias del fuego y de la degradación con sustancias nocivas? Olvidamos que ellos nos dan la vida, que le arrebatamos.
De momento, no falta oxígeno; pero, cuando nuestros pulmones den la última bocanada, es muy posible que nuestra extinción se acerque. No basta con sustituir los árboles muertos, o el agua contaminada. Primero se ha de detener a los culpables, y estudiar sus movimientos, y luego, que decida la Ley y la Justicia.
Porque, en verano, no podremos ver este paisaje en toda su grandeza y sencillez, que ha necesitado millones de años, para evolucionar, copiándose a sí mismo, continuamente. En fin, hasta pensar en ello produce sed.
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