Entradas Universales

domingo, 17 de abril de 2011

El tiempo transcurre


O esa es mi sensación. No se trata de la velocidad o la lentitud. Pero el tiempo no se para, porque forma parte de nuestra automática percepción. Ni va lento ni deprisa. Es la sensación de que va o no. Y cada momento se pierde. O se recupera. Incluso es posible que, el paso del tiempo, sólo muestre lo poco que conocemos del mismo. Sólo sabemos lo que nos dice la ciencia: que es relativo, y que se nos escapa de las manos. Es decir, que su relativismo, aunque obligado, jamás se hallará entre nuestras manos. Es decir, que, por mucho que intentáramos controlarlo, el tiempo nos tiene a nosotros. Pero el tiempo también se compone de oportunidades. He tenido tantas, que las he dejado pasar. Porque sé cual es mi sitio. Y vivir y dejar vivir, es mi lema; claro que lo de la película de Bond, ya ni hablemos. No es lo mismo. La existencia, en ocasiones, se me vuelve insoportable. Pero he de seguir adelante, y el tiempo transcurre. Lo que haya de ser, será. No hay más, porque el futuro lejano, nunca se sabe. Bueno, sí, el final. Pero el final llega con la muerte, que ya no importa demasiado que transcurra el tiempo. Y hay que seguir, a pesar de los pesares, y de hechos pesados, y de muchas tristezas que tragar. Pero, bueno, hoy estoy que se me cae el alma al suelo por los pies.

sábado, 16 de abril de 2011

Parece fácil, pero no lo es


Me refiero a escribir cada día una entrada. No es nada sencillo. Se necesita paciencia, y el tema en el momento. Pero, si yo escribo varias entradas es, desde luego, porque necesito sacar de mí, (o asacar de mío, como dirían en la Edad Media) todo lo que puedo compartir, pero no todo. Me pasa lo mismo con los cuentos, relatos o comentarios. Muchas veces, me voy a la cama angustiado. No escribo por inercia, pero sí practico la escritura (podría estar practicando otra cosa, pero aún no se me han presentado las oportunidades); y lo hago cada día. Escribir es como entrenar con pesas, igual que practicar cualquier deporte, pero a un nivel muy diferente, hasta el punto que, lo que extraigo de mi mente, queda reflejado en el espejo o espejos de estas entradas. Puedo tardar mucho o poco, pero siempre tengo la oportunidad de sumar mensajes, ideas, o críticas. Lo importante, para mí, es escribir. No quita que haga otras cosas; pero ya se acabó el acudir a la Biblioteca a escribir entradas, que, en muchas ocasiones, el tiempo era limitado (45 minutos); y desde la batcueva, las cosas se ven con más tranquilidad. Pero he de recordaros que, si no se utiliza la capacidad adquirida, ésta se pierde. Pero esto, es un etc. más.

viernes, 15 de abril de 2011

La Máquina de la Ilusión


Lo escribo porque, en principio, no es posible viajar en el Tiempo, o a través del Espacio-Tiempo, debido a que nos hemos quedado trabados en la relatividad relativa, las dimensiones (largo, ancho, arriba, abajo, derecha, izquierda, que también forman el Espacio), en el agujero de gusano, los toros dimensionales (que no hay que "torearlos" porque se tratan de donuts dimensionales que forman otras dimensiones sobre sí mismos), la elasticidad del Tiempo, que retraerse o expandirse dependiendo de la percepción, y de las matemáticas, con formulaciones que, en ocasiones, provocan nuevas perguntas, y diversos sinsabores. De todas maneras, voy a exponer una fantástica teoría que, desde luego, los físicos y matemáticos, con todos sus cálculos, o se reirán o se llevarán las manos a la cabeza, incluso me dirán duras palabras, luego se olvidarán, y tendré en mi Lista Negra, nuevos enemigos. Es la siguiente: si nuestro espacio físico, conjuntamente, con nuestra percepción del tiempo, es una dimensión, eso significa que toda dimensión está conviviendo con otras. Cabe la posibilidad de rasgar este tejido, que evitaría, sobre todo, que envejezcamos o permanezcamos igual, si nos dirigimos desde cualquier punto del espacio, hacia otra realidad distinta o semejante, pero, en el pasado o en el futuro. Esta misma tecnología la usan las naves alienígenas; pero esta información, creo, la guardan bajo llave los servicios secretos en sus almacenes. No la utilizan porque, de momento, no estamos preparados, y es posible que provoquemos un pequeño caos en nuestro planeta. Imaginaos si a alguien se le ocurre cargarse a Napoleón, incluso antes de haber nacido (coincido con la teoría del abuelo); o que se interrumpen varios hechos históricos, y la Historia cambia: salvan a Julio César, y hay un mundo mejor, o peor, quién sabe. Pero esto se trata de rasgar realidades: si atravesamos el velo, ni nuestra salud corre peligro, ni podremos envejecer durante el viaje en el tiempo. Pero es una ilusión, ¡qué duda cabe! Ahora, sí queréis, lanzadme verdura... científicos.

Calle Velázquez arriba


Siempre pensé que subir todo Velázquez arriba, en el Barrio Salamanca, era como ascender a una cumbre ligeramente alta. Sobre todo, cuando había que llevar un pedido a todas horas, o entre algunas semanas. Me dirigía con el carro, normalmente (si hay algo normal en llevar un carro alargado, forjado en hierro, y pesado), lo llevaba, al principio con prisa. Luego, más tranquilo, porque, subir Velázquez me deja sin aire ni resuello. De hecho, subiendo Velázquez, se hallaba, al lado, la calle maldita, aún con más cuesta. Aún no me explico, como es que sostenía el carro del pedido, sin que me pasara por encima. Ni Ulises, vamos.

Entonces, cuando ya alcancé cierta maestría, subía la cuesta sin problemas. Siempre he pensado que la calle Velázquez, en dirección hacia las oficinas, y atravesando María de Molina, era lo mismo que, algunos días, se antojaba una suerte de odisea, o de castigo divino. Era un castigo tanto en invierno, como en verano. Por ejemplo, en invierno uno se helaba, y dolían las manos; en verano, me traía dolores de cabeza por el continuo castigo del sol, que me obligaba a beber agua constantemente. Poco después, regresaba al comercio con un desazón tremenda, envidiando a los encargados, al charcutero, al carnicero, a la panadera, a las cajeras, a Santiago del almacén, que se quejaban de estupideces, mientras nosotros, los repartidores, nos las teníamos que ver con los caprichosos elementos meteorológicos.

jueves, 14 de abril de 2011

Llega Thor



Exactamente, el Dios del Trueno de la Casa de las Ideas, llegará a nuestras pantallas este 29 de Abril de 2011. Se augura que tendrá una buena acogida. En este caso, el argumento de la película es bastante simple. Thor se abronca con su padre Odín, porque éste, en su papel heroico, decide ayudar a los humanos, en vez de ocuparse de los problemas que acucían al Valhalla, residencia nórdica de los dioses escandinavos. De ahí que, de la trifulca, su hermano Loki decida dividir para vencer. Lo mejor de todo: Kenneth Branagh la dirige. No es la primera vez que se arriesga con los efectos especiales. Ya lo hizo con "Frankenstein", "El sueño de una noche de verano" o "Trabajos de amor perdidos"; ahora le ha tocado el turno a Thor. Es una buena idea que el proyecto lo haya escogido un europeo. Thor, además de pertenecer a la mitología marveliana, es una versión, ligeramente modificada del dios original. Ya conté en otra entrada, que se trataba de una suerte de "robo" del mito. No sé si los orgullosos serían los vikingos; pero llega a existir el cómic, en esa época, y hubieran arrasado a los berserker. No basta con hacerse con un mito para hacer dinero. Pero Stan Lee ha jugado bien sus cartas.

miércoles, 13 de abril de 2011

Un día tranquilo



En el comercio había días de primavera, muy de mañana, en que los pedidos se demoraban. Si refrescaba al amanecer, por lo menos, hasta las doce del mediodía, la acción no empezaba. Eran momento de tranquilidad. Podías llevar un pedido, y regresar relajado. O eso, o hasta que el encargado de turno se pusiera a gritarte como una especie de Tarzán con guardapolvos blanco. En esos días, y en esas ocasiones, yo ya había aprendido a ignorar los gritos. Durante los tres años que duró mi contrato (no pensaban hacer fijo a nadie, pero te captaban por eso, por hacerte fijo), me costó aprender a ignorar los gritos. Por una parte, me molestaban, y, por otra, me aturdían. Las molestias eran los comentarios hirientes: sangre de horchata, idiota, imbécil, espábilate y dáte garbo..., y seguido de alguna palabra malsonante. Por cierto, que comprendí que me pagaban por llevar los pedidos, no por batir el récord de velocidad de crucero. Una cosa era cierta: yo era el Alonso de los repartidores y, cuando recuperé un peso corporal aceptable, el agotamiento no podía conmigo hasta la hora de cerrar. Lo que nunca perdoné al encargado, el señor Martínez, fue que pagara sus frustraciones familiares conmigo. Eso nunca lo comprenderé. Todos lo sabían, pero callaban. Excepto yo, que lo hice público a un cliente, o a varios. Porque siempre me llevaba yo el lado más crudo de las broncas, que soportaba en silencio, pero de una manera injusta. El día tranquilo se me había fastidiado.

martes, 12 de abril de 2011

Una pareja inverosímil


Continuo sin verlo claro. ¿Porqué el artista ha enrollado al Capi con la Bruja Escarlata? Es un sacrilegio. Por ejemplo, podría gritar ¡basta!, pero eso no significa que sea plausible. Es más, es poco probable, porque las parejas de la Bruja Escarlata, suelen ser o Visión o el Hombre Maravillas que, desde luego, es la manifestación real de la propia visión, puesto que la Visión es una mezcla poco corriente de la mente del Hombre Maravillas (que es toda energía pura) combinado con parte del físico inerte de la Antorcha Humana en sus peores momentos. En serio, al Capi no le veo intimando así, con la única hija de Magneto; el otro, Mercurio, que es su hermano gemelo, pero que se parece bastante al propio Señor del Magnetismo, es gay. Pero, vamos, que continuo sin ver que tipo de relación guardan el supersoldado y la chica con poderes mágicos. Esta si que es buena: la interpretación del artista es paradójica, porque muestra realidades imposibles, pero dejan de ser imposibles, cuando se juegan con las probabilidades. Pero arriesgar las probabilidades es la manera más rápida de jugar con el Destino. Pero el Capi, dudo mucho que su destino lo imponga una relación que, es posible, no tenga futuro. ¿Es curioso, no?