Entradas Universales

martes, 11 de enero de 2011

¿Cinco años más?


Sí , amiguito, cinco años más de sufrimiento, que se cuentan con los dedos de las manos, y resulta que es un número mágico, pero un augurio de mala suerte. El Zejador dice que, en cinco años, España retornará a la bonanza que las legislaturas anteriores la llevaron al lodo de la crisis. Por cierto, que no levantamos cabeza. De nada sirve el ejemplo que puso de Alemania. Alemania es el país con los sueldos y las pensiones más altas, y los teutones vienen a veranear a gastarse su sueldazo a España; pero ni eso levantará la economía de este país. En la entrevista con Gloria Lomana, se negó a hablar, por si seguía en el poder (dudoso, porque a los de su propio partido, no les gusta como les ha tomado el pelo, en especial, a los militantes); no quiso tocar el tema, porque le debe provocar ronchas y cicatrices que se ha hecho el mismo. Pero dudo que esos cinco años sirvan de algo. Y la milonga de que España está saliendo de la crisis, merced a las medidas de robar la cartera a todos los españoles, ya no se la cree ni un niño de cinco años. ¡Por Dios, Zejador, acaso piensa que hemos nacido en un parvulario, para que se nos trate como niños inmaduros! ¡Abusón! ¡Acusica! Como si no tuvieramos bastante con vivir día a día, y ver que las arcas del Estado, vacías, se dedican a llenarse con los impuestos de ZP Sin Tierra. Y de ETA, ya, ni por esas. Que barran a la basura, por favor.

lunes, 10 de enero de 2011

Escribir, escribir, escribir...


...como siempre, como si te fuera la vida en ello, vida que tomas y devuelves cada día, porque es un precio pequeño a pagar, pues se trata de una manera de que tus ideas y pensamientos se reflejen en unas pocas, o muchas, líneas. Y, al parecer, no basta. Si al escribir buscamos la verdad, o, como escribió Ben Franklin en su autobiografía, para mostrar los conocimientos a su hijo, o sobrino, con los errores y aciertos que cometió durante toda su vida, y para instruirlo en la vida. No es de extrañar, porque lo que esperamos de Benjamin Franklin (inventor del pararrayos entre otras cosas) es que humildad le sobra. Y eso que, Franklin escribió muchos ensayos; pero ningún día faltó a la tarea de escribir, a su intermitencia. De hecho, su Autobiografía, memorias ordenadas, es una obra ciclópea. La escribió para conocerse a través de las trampas de la memoria, para extraer la verdad de toda su vida. ¿Lo logró? Eso lo sabe mejor el propio Ben: de hecho, únicamente lo sabe él, y no puede escaparse. De lo contrario, jamás habría escrito un volúmen enorme sobre su vida, en forma de epístola a su hijo o a su sobrino, indicándole las pautas para dirigir su vida. Ben Franklin buscaba, sobre todo, ser un guía. Un guía humilde. Un guía como él no tuvo, pues lo buscó en sí mismo, y en sus errores, porque este polifacético inventor, aprendió de los errores, para estudiarlos, examinarlos y no cometerlos. De ahí que, escribir fue para él una salida y la purga de sus sinsabores, por mucho que diga que fue feliz. Lo más seguro es que fuera filosóficamente feliz. Como todos esperamos ser algún día, dentro de nuestras limitaciones.

domingo, 9 de enero de 2011

Identidades

Superman o Clark, escaqueándose, como siempre
No he escrito el título a boleo. En este caso, me refiero a porqué a Clark Kent no le despiden cuando se busca excusas tan tontas como que, tengo que ir al servicio, o ya voy de camino a París, o desaparece, delante de su jefe, Perry White, que se queda a verlas venir cuando hace lo que Batman. O cuando se tira por el ventano del edificio del Daily Planet, y en dos segundos ha cambiado su atuendo, por la capa y el pijama azul y rojo. ¿Acaso no le ha visto nadie cambiarse? Es decir, un tipo que casi no se oculta, porque siempre es el mismo, Superman, y nadie se da cuenta de que Clark existe. Hasta cierto punto, en las películas han tratado de ingenuo al espectador. Vale que se cambie en una cabina. Ahora nadie lo hace si no es para echar un polvo, y de los rapiditos; o, por ejemplo, que mientras corre, el traje desaparece por arte de magia, y aparece el uniforme rojo y azul. Claro, dirán, es Superman. Ya, pero busca salidas que transcienden la lógica, y las excusas son tan absurdas como los koan zen para alcanzar la Iluminación, que no es precisamente un genio; pero lo admitimos. Sí, ya, los estudiosos dirán que se le admiten al kryptoniano, porque es Superman. Pues de Batman no dicen lo mismo. Puede faltar al despacho porque es millonario. Pero Superman está al borde del despido. Y ni Perry White parece darse cuenta. Y los de arriba deben de hacer la vista gorda, porque el héroe es eso, un héroe. Por suerte, Superman no es como Beowulf, pero Beowulf cumplía con su trabajo-licenciado en heroísmo profesional- y no le servían las excusas. Pensadlo bien.

sábado, 8 de enero de 2011

BloodRayne




BloodRayne es un personaje del videojuego del mismo nombre. Es una atractiva vampira pelirroja, y ha pasado por el cómic, la animación (anime japonés) y se han rodado unas tres películas en Estados Unidos. Aquí sólo conocimos la primera que, por cierto, estuvo un par de semanas, y se transfirió de la gran pantalla a formato DVD directamente. Incluso es posible que la tercera entrega no llegue a nuestro país, porque la primera era violenta, superficialmente dirigida y con una potente carga erótica (el directo decidió agarrar el hacha y excitar al espectador, y parece que lo consiguió); ahora BloodRayne es un personaje de culto, y se vende como un producto de masas en Japón. De la misma manera que Bayonetta, la bruja hechicera sensual que se dedica a matar demoniosc, con un cabello que utiliza como arma letal. Volviendo a BloodRayne. No he jugado al videojuego. Es una diversión que me aburre, pero he seguido las ilustraciones (en la Red y en las revistas especializadas del ramo informático del ocio) y es un dulce para los ilustradores-tanto como Bayonetta, que, en su haber, hay una versión hentai de grandes proporciones y sexo desproporcionado-; seguramente, BloodRayne siga el mismo camino en la industria nipona del manga, pero, hasta ahora, parece no haber dado señales de vida. Sin embargo, aquí dejo una ilustración digital muy realista y mágica. Y un ejemplar de su colección.

Lecturas


Que yo recuerde, empecé a leer con tres años. En realidad fue mi madre (q.e.p.d.) quien me mostró las primeras letras del abecedario y su significado. Luego, llegaron las palabras y como se leían. Se puede decir que, cuando llegué al parvulario, ya sabía leer, y conocía el significado de la frase. La escritura llegó después. Pero mi madre, me ponía nuva tarea. Además de escribir en clase, escribía en los Cuadernos Rubio que ella misma se las apañaba para comprar. También es posible que mis primeras lecturas fueran La Isla del Tesoro, por curiosidad, y obras de Emilio Salgari: El Corsario Negro, La Galera del Bajá, La Hija del Corsario Negro (que dudo que fuese obra de Salgari); pero nunca me las llegué terminar. Lo que más me impresionaba de esos libros eran las naves y su historia, o como se componían. Se hallaban las ilustraciones de estos barcos y su documentación al final del libro, cortesía de la Editorial Susaeta (que ya no existe, o ahora se ha especializado en literatura infantil, abandonando la literatura juvenil de los 70 y 80, en los 90, ni rastro y ya en el siglo XXI, es difícil encontrarlos porque están descatalogados); también encontré agilidad al aficionarme a los cómics. En este caso, de toda la obra de Ibáñez y con Mortadelo y Filemón. Todas obras de humor absurdo y muy campechano, muy arraigado en la profundidad de una España que salía de la oscuridad, y que criticaba todo con sutileza humorística. Ibáñez se las apañaba para despistar a la censura con historietas veraces que no dejaban ni pies ni cabeza a la realidad del momento. Luego, llegaron, cuando crecí ocho años después, los cómics de superhéroes americanos, entre ellos, Spiderman, el primero que leí. Un tipo que sufría como cualquier mortal, pero con el poder de una araña radiactiva que, por cierto, le picó. Absurdo, porque, raras veces, las arañas pican. Logré coleccionar un centenar de ejemplares de la inmensa mayoría de los personajes Marvel (una lista muy larga y respetable), hasta que llegó mi tía, y me obligó a deshacerme de las colecciones. Me dolió algo más que el alma, pero no hubo remedio. Sobre todo, cuando, mi tía, me informó de que me había gastado cerca de un millón de pesetas de la época (década de 1980); como era joven, olvidé. Y ya, con doce o trece años, descubrí tardíamente a Superman y al Universo o Multiverso DC. Como cuando Colón descubrió América por el camino equivocado, yo lo descubrí cuando otra tía mía nos llevó a mi hermano menor y yo al cine: la primera película de Superman. En la actualidad, suelo comprar, en ocasiones, cómics de la Marvel y de la DC cuando acontece; pero apenas los leo. Me interesan las ilustraciones o el arte de los dibujantes, que han alcanzado niveles de maestría nunca vistos, y los personajes son más maduros, y las historias más duras, de marcado carácter político. La DC lo hace ahora. Pero la Marvel ya es veterana en temas que tienen que ver con la realidad. Hace un año, leí en la Biblioteca un número antiguo de Spiderman, en donde habían violado a una amiga suya, y el héroe dudaba entre matar al violador, o que confesara su crimen. Al final, no llevó a cabo su venganza, pero el violador lo entregó a la Justicia, después de confesar, claro, y admitir su delito. Si lo hubiese asesinado, ya no sería un superhéroe llamado Spiderman, sino un asesino. En la Marvel, él único con derecho al asesinato y la venganza es el Castigador (The Punisher), y con razón, porque asesinaron a su familia. Además, Frank Castle era policía. Y, desde luego, no me arrepiento de leer tanto literatura como cómic. Forman parte de mi aprendizaje y de mis propios descubrimientos.

viernes, 7 de enero de 2011

Strike! CHANTAJE


David-El se encontraba entre los anaqueles de la Biblioteca acometiéndose en la tarea de colocar los fondos literarios en su sitio. Se sorprendió de que los fondos siempre se renovaran, para no perder la riqueza publicada y cultural. En Recepción esperaba Kiara, mientras hacía buenas migas con uno de los Jefes (dos mujeres y un hombre) hablando de literatura o de cualquier tema que se precie o postule o se tercie.

-Creo que casi no se tiene en cuenta-explicaba Kiara-que, en el momento en que un escritor decide ocultar su obra, se vuelve un tesoro para los lectores.

-Eso es cierto-contestó Mario, uno de los Jefes-y esa obra, al ser destruida se pierde. Es lo mismo que intentó Kafka. Ordenó a Broch, su amigo de toda la vida destruir toda su obra. Fue infiel a su promesa, pero salvó la obra de Kafka, que siempre pensó que lo escrito no merecía la pena.

Empezó a sonar el teléfono con insistencia.

Julián, uno de los bibliotecarios, sordo de un oído, pero educado como él solo, se apoderó del auricular:

-Biblioteca Gloria Fuertes, ¿qué desea? Está ocupado.

Kiara se olió algo sospechoso, y señaló que le pasaran el aparato. Julián accedió, pero se sintió molesto por la autoridad de Kiara, que no trabajaba allí.

-¿Quién es usted?

-Quien sea yo no importa. Busco a David L. Lois. Es una cuestión de seguridad.

-Yo soy su cuestión de seguridad. Si desea algo me informa a mí.

Al otro lado de la línea, se colgó.

David-El permanecía ordenado los libros, mientras silbaba la banda sonora de Superman. Hasta que un cosquilleo de la vibración del móvil lo desconcertó. Pocas personas tenían su número: sus tíos, sus primos, su abuelos, su padre y su madre, y algún que otro amigo. Y, además, por seguridad, no aceptaba que lo llamaran al trabajo. Su sospecha se convirtió en doble.

-¿Quién es?

-Quien yo sea no importa. ¿Es usted David L. Lois?

-Que le importa, insolente.

-Mucho-dijo la voz-sobre todo porque tengo unas imágenes en mi poder que a Rubalcaba 35º le van a encantar. De hecho, si lo sabe, le hará la vida imposible. Es una cuestión de seguridad.

-¿Qué imágenes?

-Flyin´n da sky...-canturreó la voz-¿Es un pájaro, es un avión, es...?

-Vale, no siga.-y David-El se concentró en el ambiente del interior. Desde el fondo del auricular escuchaba música, choque de bebidas, y su Don de superoído. Una discoteca o algún antro.-Está bien, ¿cuánto es el precio?

-Diez mil eurocards.

-¡Está loco, nadie tiene esa cantidad! ¡Está majareta perdío!-gritó David-El. Se lo oyó en todo el Centro Cultural.

-Como está la juventud de ahora-comentó un anciano-en mis tiempos no gritábamos tanto. Qué escándalo.

-Está bien. Iré a buscarle-dijo David-El.

Excusóse ante Kiara y compañeros y Jefes, y salió rápidamente del Centro Cultural. Dijo que tenía que ir al baño, con retortijones en los intestinos. Y de un saltó estuvo en el cielo de Madrid, volando, y no discretamente. Un niño pequeño comentó, al verlo planear:

-Mira mamá, un hombre volando. ¿Los hombres volamos, mamá?

-Niño, no digas tonterías. Aquí el único que vuela es tu padre, que, desde el divorcio no veo un euro.

El niño se calló, sin entender demasiado; pero sonrió al conocer que su padre volaba.

David-El aterrizó a trastabillazos, y se golpeó con la pared de la calle, en el edificio donde pudo escuchar la música y el ambiente. Se había vuelto a quedar sin aire. Esquirlas en los ladrillos, y un boquete ligero en la pared.

Los de seguridad iban a decirle algo; pero el silencio fue la única respuesta, el único mensaje.

-Voy a entrar.

Ninguno lo frenó.

Poco después salía con un paquete en la mano. Un tipo que, como una sabandija, se retorcía llorando y gimiendo:

-No me haga nada, por favor, no me haga daño. Tome.

Y la sabandija que, por cierto, dudo que giman y lloren o griten, le pasó los discos con sus movimientos grabados.

-No está bien chantajear a las personas. No es ético. ¿Cómo consiguió mi móvil?

-Los Rubalcaba. Me pagaron.

-Y eres tan estúpido que no te guardaste las espaldas.

-Ellos sólo tienen tú móvil. Los demás accesos están truncados. Creo que lo han llevado a cabo las Corporaciones Wayne.

-¿Corporaciones Wayne?

-¿No lo sabe? Las Corporaciones Wayne son sus avales. Es un intocable, y los Rubalcaba no pueden acceder a sus bancos de datos, porque están blindados. Yo soy un mensajero, nada más. ¿Me suelta?

-No. Ahora te llevo a la Policía.

-La Policía, no. Les pagan el sueldo los Rubalcaba. Además está el Ejército. No, a la Policía, no.

-Entonces, te vienes conmigo.

-¿Adónde?

-Ya lo verás.

Y David-El saltó y se elevó hacía el cielo de Madrid. Aterrizó, con un poco de rígida delicadeza, en la Biblioteca. Llamó a Kiara, y le dijo:

-Kiara, mira qué puedes hacer con él. Y toma.-y le pasó los cedés grabados.-Es informático.

-¿El chantajista?

-Euh.., sí-respondió David-El-¿cómo lo sabes?

-Lo sospechaba. ¿Qué tal los intestinos?

-¡Funcionando!

Y David-El regresó a sus obligaciones.

Mario comentó:

-Últimamente, este chico hace cosas muy extrañas.

-Y más que hará-terció Kiara-por el bien común. Ha de forjarse su propio futuro.

Mario no pudo descifrar nunca estas palabras.

De momento.


Primera imagen de Dredd

Una de las primeras imágenes de Juez Dredd, nueva saga
Lo que os decía: Hollywood ha vuelto a probar si tiene éxito con esta nueva entrega. Desde luego que, como ya dejé escrito antes, a mí no me convence el vestuario. Puestos a darse de originales, nada hay de arte, pero sí, de simplificación. El casco, quizás más barroco, y un Dredd sin afeitar. Por cierto, que Dredd es el actor que trabajó con Vin Diesel en las Crónicas de Riddick, haciendo de segundo General de los necróferos, el que tenía una aventura con la Reina de los Necróferos, y que Riddick se lo ventila en dos segundos. Y esto es lo que hay. Intentaré encontrar más imágenes; pero, últimamente la Red anda escasa de originalidad.

Por otra parte, tanto cambio en la figura del personaje le perjudicará. Es más, cada lector tiene la visión standard de Dredd, la del cómic, y modificarla, puede llegar a chocar. Como en Batman Begins. Al principio choca; pero, en Dark Knight es un completo K.O.; muchos seguidores de Batman se han sentido defraudados, incluido yo, porque la leyenda ha decaído. Con Dredd, es posible que suceda lo mismo. Pero Hollywood nos tiene acostumbrados a sus caprichos, y rige la pasta. ¿Qué le vamos a hacer?