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martes, 17 de febrero de 2015

Tolerancia

Es importante aceptar a los demás. Peor es, cuando uno tarda en aceptarse a sí propio. Por una parte, porque, ciertamente, uno siempre se encuentra defectos, y eso es frustrante, porque, si uno no se acepta a sí mismo, difícilmente puede aceptar a los demás. Pero los fallos siempre está ahí, y está claro que, de alguna manera, todo funciona mejor con tolerarse y tolerar a los demás, siempre que los demás sean respetuosos, o no se suban a la chepa. Después de todo, sobre esto tengo mucho que escribir. Por una parte, porque en los empleos que he tenido, al parecer, gritar al novato, ha estado de moda siempre; también, insultar al novato, o cuando el novato lleva tiempo, molestar y explotar al novato, que ya es veterano, y olvidarse de que es una persona. Ese es el mayor error, porque, en el momento en que deja de ser persona para los superiores, se trata, entonces, de un animal de carga, al que hay que saturarlo de trabajo. Era corriente en los vetustos comercios de los años 90 del siglo pasado. Sin voz ni voto, y un maltrato continuo. Ignoraban que, cuando el animal de carga se rebela, se transforma en una suerte de animal salvaje, porque se da cuenta del tufo. Creo que, en algunas empresas, y con menos sueldo, se hace lo mismo con muchos empleados, sean inmigrantes o no, y que la empresa mira por ella, y no por los empleados, en donde los superiores siempre gritan a sus subordinados, con un carácter que necesita auxilio de un psiquiatra, o de un psicólogo. Pero lo soez no es que griten o insulten, es el mal ambiente que se crea, de odio, irrespirable, y que siempre se la tiene guardada. Claro que, eso no los suelen sospechar los superiores (encargados, etc...), cuando me nos se lo esperan, reciben el golpe de gracia, y la ruina más profunda.

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