Entradas Universales

jueves, 14 de julio de 2011

En el Metro

Entre estación y estación, es una afirmación absurda que dé tiempo para leer. El subterráneo avanza a una velocidad exagerada, y sus paradas son de unos dos minutos largos. Pero, entre estación y estación, si el trayecto es corto, no se lee ni en suspiro, porque, si carece de aviso, la estación se pasa para los despistados.
De este grupo soy yo. Ahora, siempre estoy atento, y eso me obliga a levantar la vista de las páginas, pero no logro, en todo el trayecto, tranquilizarme, porque, en este caso, me molesta bastante interrumpir mi lectura, para fijarme en que estación estoy. Y luego, el aviso de la llegada a la estación, depende del metro que cojas.
Por ejemplo, hay trenes que no tienen el aviso. Algunos días, coincides con ellos, pero otros, parece que hayan volado, o evaporado. Lo primero que uno piensa es: claro, la crisis. Pero la crisis nos está trayendo la maldición de los recortes.
La velocidad del transporte está bien. He comprobado que, en los autobuses, en donde el tramo de llegada, de parada escogida, es de una media hora. En media hora, me leo, en el autobús, una media de dos o tres capítulos bien escritos. En Metro, en una ráfaga, no paso de las dos páginas. Claro que, si hay que ir a la Gran Vía, o a Sol, o a Callao, la cosa se pone un poco aguda, porque, lo he comprobado, en Metro, se viaja en el Tiempo. Si se viajara en el Espacio, tanto mejor, pero no me gustaría pararme en la Estación del Neolítico, o del Año 1808, sólo por el hecho de despistarme en una época en la que no me querría bajar.
Claro que, bien mirado, me bajaría en la Estación de 1980 que, si me despisto, con un poco de mala suerte, el subterráneo se pararía en la de mi nacimiento. Paradoja que espero no se realice, porque entraría en la paradoja temporal. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio. Se anularían mutuamente, y la materia no es, precisamente, tan resistente como aparenta.
De hecho, como expone Carl Sagan en su ensayo divulgativo “Cosmos”, la materia, al estar producida por átomos unidos débilmente, en realidad, la materia es nada. Esto me da que pensar, porque se trata de la teoría cuántica: la mesa no es una mesa, sino la percepción de la forma de la mesa, o como los fotones de luz, que penetran en nuestros ojos, y que el cerebro descodifica, nos permiten ver los colores de los objetos, formas y diseños; pero la oscuridad es imposible descodificarla, en muchas ocasiones.
Por lo visto, en Metro, suceden muchas cosas; pero, tan rápidamente, que no da tiempo a darse cuenta de nada. Da tiempo si uno se dirige, en varios suspiros, a la Casa de Campo, o Carabanchel, o a las estaciones más lejanas e intricadas.
Hace unos veinte años, mientras me hallaba en la Estación de Ciudad Lineal, durante un fin de semana, que salía para mis visitas a La Casa del Libro, me tropecé con dos argentinos, y comentaban que:
-El Metropolitano madrileño es el más eficiente y rápido.
-Sí, y las estaciones son grandes, no como en nuestra patria.
-Y se llega enseguida.
Razón no les faltaba; pero, por esa época, nunca pensé en que, también el Metro fuera una Máquina del Tiempo. Para mí, era una Máquina para Ahorrar Tiempo. Ahora, me he relajado, pero, por aquellos años, mi obsesión era la puntualidad. Finalmente, he comprendido que la puntualidad es relativa, y no necesito ningún reloj atómico o nuclear, para que mida si desaparezco a la velocidad de la luz, siempre que llegue, por lo menos, tres o cuatro minutos antes al destino.
Sin embargo, creo que el destino es relativo. De tal manera, que nuestros destinos, en ocasiones, no los decidimos nosotros, sino que, al contrario, nos ocupamos de eliminarlos de manera inconsciente.

miércoles, 13 de julio de 2011

Leyendas Japonesas

Son de terror. No son muy agradables y, en esto, los nipones son algo bestias. Los fantasmas suelen ser antepasados, o extraños monstruos que hacen saltar a la carrera a los críos. No olvidemos que se trata del culto a los antepasados, y que, si no cumples religiosamente lo que te han mandado, lo pagarás con tu vida, y con el temor de las presencias macabras y poco agradables.
Porque los japoneses son así. Las leyendas de terror, no se crearon para provocar risas o ironía. Es el sarcasmo serio de un pueblo que, desde luego, sus terrores nocturnos son aún más desagradables que en Occidente. Y el asunto se vuelve más crudo, cuando esas almas del Purgatorio, deciden trastornar la vida del ser humano, porque se enfrenta a fuerzas que desconoce, y sabe muy bien que perderá.
Otra cosa es que trate de averiguar la razón de su castigo. Pero el temor ha llamado al ser humano, desde el principio de los Tiempos. No hay cura para el terror.

martes, 12 de julio de 2011

Justificando el mar

O la mar. Que es tanto uno como otra. Desde que me leí “Moby Dick” hace ya más de una década, la mar siempre me ha fascinado. Pero he llegado a una conclusión: un barco no es tan seguro como un avión, lo mismo que un automóvil es menos seguro que un aeroplano, o un vehículo es menos peligroso que una moto o una bici.
Pero del mar o de la mar, lo que más me sorprende son los cuadros y acuarela que se ha creado, inspirados los autores por un proceloso vendaval marino, en donde se oculta la fuerza de la creación y de la destrucción, al mismo tiempo. Entonces, este elemento de inmensas aguas, de lluvias, de catástrofes, no sólo me ha fascinado a mí, sino a muchos genios y poetas.
Y escritores.
El líquido elemento es, dentro de su manifestación, el lugar donde empezó la vida. Hay una justificación, muy importante, para no destruirlo, porque es la vida. Lo contrario es acabar con la variedad de la misma. No podemos hacerlo, porque, de llevarlo a cabo, el mayor asesino ya lo es el ser humano. ¿Para qué destruir lo básico, cuando es posible mantenerlo?Sólo espero que, en el futuro, los cielos, no sean rojos, como en la serie de “V”.

lunes, 11 de julio de 2011

Días Eternos

En verano parece que, con la extensión de las horas, los días parecen alargarse más; pero el tiempo transcurre, algunos de esos días, con lentitud. Pero es una lástima, porque el verano sólo dura unos tres o cuatro meses. Luego llega el otoño, y el ciclo de lo que aparece y desaparece se cumple en el Eterno Retorno de Nietzsche.
En verano, también sucede lo que, desde luego, no se espera: siempre hay algún hecho de importancia. Los días, desde luego, y a pesar de sonar con cierta monotonía eterna, los acontecimientos dan giros inesperados.
Los días eternos son para soñar. Y no está mal que, por lo menos, hasta las 22.00 aún sea de día. El Sol alumbra, para luego acostarse (¡qué símil más trillado!); pero, por lo menos, el verano es, desde luego, la estación en donde resistiendo el calor, o aguantándolo, los días son agradables, pero muy tórridos.
Por lo menos, quedan las lecturas, que nunca se agotan, y que los días eternos, transcurren, pero más despacito. Con la escritura, parecen quedar en mínimos, pero hasta la que la magia de la escritura justifica las vivencias.

domingo, 10 de julio de 2011

Nos quedamos sin paisajes

El paisaje es la mano de Dios. Lo explicaré de la manera más sencilla. La Naturaleza se refleja a sí misma con el paisaje. Cuando esta Naturaleza es atacada, el paisaje cambia, y necesita millones de años, o incluso menos, para recuperarse. La desolación no es igual que esta imagen. Se asemeja un poco a Marte, donde, desde luego, la capacidad para albergar vida, es nula, o casi.
En verano, se ha puesto de moda provocar incendio. Pero mi mensaje no es ecológico, sino judicial. ¿Qué daño han hecho estos paisajes a las personas, para que sufran las consecuencias del fuego y de la degradación con sustancias nocivas? Olvidamos que ellos nos dan la vida, que le arrebatamos.
De momento, no falta oxígeno; pero, cuando nuestros pulmones den la última bocanada, es muy posible que nuestra extinción se acerque. No basta con sustituir los árboles muertos, o el agua contaminada. Primero se ha de detener a los culpables, y estudiar sus movimientos, y luego, que decida la Ley y la Justicia.
Porque, en verano, no podremos ver este paisaje en toda su grandeza y sencillez, que ha necesitado millones de años, para evolucionar, copiándose a sí mismo, continuamente. En fin, hasta pensar en ello produce sed.

sábado, 9 de julio de 2011

Un héroe mercenario muy peculiar

O extravagante que, para el caso, es lo mismo. Viste de rojo y negro y no es ni Black Spiderman ni Carnage. Estoy hablando de Masacre. Es un superhéroe de la Marvel, bastante atípico y reciente, que nada tiene que envidiar al Trepamuros, ni a Nómada. Pero, para él, todo negocio que le encargan, con el objeto de eliminar a indeseables, es una fiesta.
Masacre siempre tiene un chiste para cada circunstancia, si tenemos en cuenta que no se lleva nada bien con Lobezno, y eso que, su factor curativo es semejante. Pero, a Masacre, le queda de recuerdo una experimentación para mejorar su fuerza, del cual no fue voluntario, y le dejó el cuerpo cubierto de piel maltratada, por una mutación experimental mal llevada, en una especie de campo de concentración, con su propio Doctor Mengele.
Logró escapar, y sus recuerdos no son muy buenos, porque tuvo que enfrentarse al pelota mutante típico, que se hallaba a las órdenes de estos sádicos médicos pagados por un Gobierno que lo prefería ignorar todo. No, Masacre carece de buenos recuerdos, pero los combate, en ocasiones, con un humor ácido, y con algo de comedia serial. Pero procura no errar el tiro.
Masacre se ha enfrentado a casi todos los héroes Marvel. Ha sido enemigo y amigo de Spiderman; socio temporal de El Castigador; ha enfrentado sus diferencias con Lobezno; ha sacado de quicio al Capitán América; se ha enfrentado a Hulk; ha sido colega del Hijo de Zeus, Hércules, otro semidiós de la Marvel que ésta utilizó sin permiso, para crear un héroe de la nada, para la mitología popular norteamericana, y ha besado a la propia Muerte, y no ha muerto.
A Masacre (Deadpool) han intentado asesinarlo varias veces, sin suerte. Todo ha caído en saco roto; incluso ha tenido sus más y sus menos con Factor X, los X Men, y Los Vengadores. En ocasiones, era socio o traidor. Masacre es así. Se puede pensar que le da igual todo; pero ese “darme igual”, no lo convierte en un pasota o macarrilla. Ya tiene bastante con lo suyo, y siempre se queda del lado ganador, sea el lado que sea.
Pero es Masacre, y eso le basta, ¿eh, colega?

viernes, 8 de julio de 2011

La complejidad de la mente

Sigo siendo el menos indicado, por mi enfermedad, para escribir sobre esto. Pero unas palabras de Bruce Lee, han despertado mi curiosidad. Dice algo así: la mente es demasiado compleja, no tratemos de comprenderla, sino para que sea nuestra compañera. Añade. En otro aforismo, muy oriental: convive con tu enfermedad, no trates de luchar contra ella. En el momento en que sepas cómo es, ésta desaparecerá.
El Maestro Lee debió ser una lumbrera (sin ofender) de todas las ramas de la ciencia médica. No me extraña, porque practicó el culturismo, para fortalecer su cuerpo, y las artes marciales chinas. Pero, me pregunto, ¿tenía ideas de psicología y psiquiatría? Lee no me parece el más indicado.
Repasando los aforismos de su obra “El Tao del Jeet Kune Do”, quizás lo veía desde una perspectiva orientalista. Para mí, es legítima esta línea de pensamiento, pero no expone toda la verdad en su conjunto. Es más, incluso la manera de pensar entre lo Occidental y lo Oriental, colisiona. ¿Cómo voy a dejar de luchar contra mi enfermedad, que es hereditaria, genética, hasta que parezca un simple resfríado?
Disculpadme si mi mentalidad se ha limitado. Expongo lo que hay. Mi esquizo no se cura a la primera de cambio. Tiene sus periodos de crisis, y de tranquilidad. Gracias a la medicación, el Titanic no colisiona con el iceberg. Si Lee se refería a que la enfermedad, quizás no fuera tal, o bien, se refería a otra cosa, bueno, habremos de escribir y gastar mucha tinta para desentrañar el misterio.
Claro, que haber quien desentraña el misterio de la muerte de Bruce Lee, maldición que pasó a su retoño, Brandon Lee. Hay mucha leyenda. Unos dicen que le pegaron un tiro, y murió al instante, durante la grabación de la película “Operación Dragón”; pero prefiero el testimonio de la viuda de Lee: un derrame cerebral.
Hay muchas maneras, y no soy un experto, de que un derrame se produzca. Tiene que ver con la tensión de los vasos nerviosos que se ocupan de trasladar sangre al cerebro. Si la tensión se debe a un sobreesfuerzo (y eso creo que le aconteció al Pequeño Dragón), es más que seguro que la tensión se saliera de madre, hasta el punto de provocar un coma. Además, un derrame cerebral le puede suceder a cualquiera de nosotros. La vena estalla por la presión sanguínea, se rompe, y el derrame, si no se llega a tiempo, produce el coma.
Lo más seguro es que Bruce Lee se esforzara más de lo requerido (el rodaje de los combates en la cinta, los diseñaba él, y la coreografía marcial) y, entonces, su cuerpo, por muy en forma que estuviera, ya se encontraba en las últimas.
Desde luego, que somos muy complejos. Nos encanta adornar las leyendas de nuestros héroes, y olvidamos que son como nosotros, que, en cualquier momento, la muerte pide paso, y llega sin permiso, o por sorpresa.
Es posible que yo conviva con mi enfermedad; pero, también, y no me justifico, me produce malas pasadas. No siempre es así, pero la paranoia viene incluida en el pack, de manera que, por mucho que tratara de comprenderme a mí mismo, lo veo complejo. Porque, la única manera de encontrarme, es perdiéndome, en el sentido místico. Me comprendo, quizás, porque trato de comprender el mundo, cada día más complejo.
Pero, el mundo no se va a parar por esto. El mundo es mucho más complejo.