Entradas Universales

jueves, 7 de julio de 2011

Casi una Odisea

Bueno, no dio para una de Homero, pero casi. Después de entregar unos cuantos libros, en la Biblioteca, y escoger otros (últimamente, me ha dado por las novedades editoriales en el expositor de la entrada), decidí irme a dar un paseo a un centro comercial de Hortaleza (no digo el nombre, porque no es cuestión de publicitar lo que provoca millones de gastos al bolsillo propio y al ajeno, y que, con un poco de suerte, es posible que levanten a España de su crítico sopor).
Pues bien, esperé al autobús, como quien espera a su nave en el puerto. Y, cuando digo “nave”, me refiero a un barco, y que la metáfora e hipérbole del autobús, es casi semejante. Llegó el autobús, y entré. Cuando me senté, estaba leyendo un libro, y, mientras lo leía, la mente me envió a un artículo que escribió hace tiempo, Eduard Punset, en una revista semanal, del ABC o LA RAZÓN.
El catalán hablaba de los viajes en el tiempo (mi tema borgiano favorito), y defendía la idea de que, en este medio de transporte, se viaja en el Tiempo, y en el Espacio. Bueno, el Tiempo es media hora, y el Espacio, dependiendo de la velocidad de crucero del transporte (en México, los llaman “camiones”, sus razones tendrán); en esto estaba, cuando la llegada se volvió eterna.
Para ir a Hortaleza, a Mar de Cristal (yo trabajé, hace muchos años, y cuando era más jovencito, en el Mar de Kara, que por ahí está; por cierto, yo añadía Kara Jor-El, para fastidiar), pero el trayecto, entre el calor y la lectura se hizo eterno. Pude vislumbrar los edificios, o el edificio del centro comercial, y me dediqué a darme una vuelta por el susodicho o susodicha construcción del ocio y el consumismo.
Antes, me encontré con una vecina, a la que llamaré Caribdis; pero es una vecina metiche y fisgona de un portal vecino. Cada vez que abre la boca, esta vecina, es para saber y enterarse de todo (también, podría enterrarse, y dejarnos vivir en pacífica desenvoltura, claro), y siempre que pregunta, habla con una “ch” en las palabras, como si la lengua le golpease el paladar viejuno.
Me la encuentro en la parada, al salir de la Máquina del Tiempo de la EMT, saludó, y la muy zafia y zahína, se queda en silencio, y no dice nada. Esto es lo que pasa con las “enteradas”, que su educación no está a la altura de su adusta y vejestoria vejez (que conste que la mantengo en el anonimato); poco después, la caminata me hizo olvidar las mandíbulas gastadas del monstruo que me había ignorado, hasta que, por lo menos, llegué al centro comercial, y me dediqué a pasear, y a calmar mi estómago por el esfuerzo. Siempre entra hambre en el momento más inesperado. Por lo menos, esto me hizo olvidar la falta de sensibilidad de Escila y Caribdis en una pieza.
He prometido no volver a escuchar las palabras cochambrosas, embrochadas y pachadas, de esta hija de Neptuno, en las cataratas, que más que escupir naves, no vive si no se entera de la vida de los demás, y oculta la suya. De manera, que he decidido “vengarme” aquí. Ahora, que, si algún sobrino suyo tiene ordenador, si consulta mi blog, puede llevarse una sorpresa.
Mi regreso a casa fue por el Subterráneo gusano de la tierra. No pienso explicarlo, porque lleva pasajeros con diligencia. Lo más seguro es que el Subterráneo se inventó, porque un sabio avisado se fijo en los gusanos terrestres. Luego, otros tipos más modernos, lo llamaron Metro. Pero, una cosa es cierta, no me dediqué a viajar en el tiempo. Me dediqué a leer, mientras partían varios gusanos, a leer, mientras pasaba el tiempo, a Ramón J. Sender. Fallecido hace más de veinte años, pero tan clásico y tan vivo como un escritor de culto, o un aventurero legendario, que no encontró a Livingstone, pero sí a una chismosa, que quechía chaber de chodo. ¡Caramba!

miércoles, 6 de julio de 2011

Miércoles de plática

Nos solemos reunir los miércoles, desde hace tiempo, para platicar., contarnos nuestras penas y alegrías, y pasar la tarde acompañados de un café, en una cafetería del Alcalá Norte, en donde las comidas, he de reconocerlo, son malas y de calidad dudosa. Lo único bueno, las meriendas y desayunos.
Fui una vez a comer, y no me gustó la comida precocinada, demasiado grasa, y que, desde luego, sólo recuerdo las tardes, acompañado de unas buenas tortitas con nata, con sirope de chocolate, y un descafeinado, sin desplantes, con un servicio al cliente bastante bueno, y que hay calidad humana, signifique eso, lo que signifique. Sirva este apunte, para narrar hechos que no son importantes, únicamente, para crear la entrada.
Después de todo, este blog, es un Códice Universal.

martes, 5 de julio de 2011

El peluche gigante tenía un precio

Este recuerdo está grabado en mi memoria con fuego. El fuego con el que uno se da cuenta de las cosas, y ha de impartir una lección, para poner las cosas en su sitio. Sucedió hace unos casi dieciséis años.
Me encontraba, por la mañana, entrenando en el Gimnasio Embajada, en la Urbanización Embajada. Llevaba dos años trabajando y asistiendo durante la semana al entrenamiento casi diario (cuatro días a la semana, y entrenando como una bestia) Mi cuerpo ya se perfilaba, y había logrado aumentar mi fuerza y tamaño. Por otra parte, también tuve que soportar las bromas, traiciones y tomaduras de pelo.
Decían que eran tus amigos, pero eras el blanco de sus sandeces. Se ponían a opinar sobre lo que debería ser un hombre, y no un ser humano, indistintamente del tipo que sea. Aguanté sus bromas durante el primer año; luego, aprendí a ignorar sus presencias; y luego, mi lengua y mi mente se afiló como el filo de una navaja. Sabía como hacer daño, y devolverlas con el dolor multiplicado. El dolor que se me había infligido, y que no era cuestionable.
Los días que iba a entrenar era tratado y comentado con desprecio. Tenía que soportar las pesadas bromas dirigidas a mí, y los constantes desprecios. Esa actitud fue haciendo mella en mí; pero me guardaba un peligroso as en la manga, para cuando llegara mi oportunidad.
Resulta que, ese segundo año, la mujer del dueño del gimnasio estaba ya de nueve meses. Incluso le habían lanzado piropos y todo lo demás. Jose, el anterior monitor, había dejado de trabajar allí, y lo sustituía Mario, un coloso muscular hinchado de proteínas, y con un ego demasiado creído.
Habían hospitalizado en la Maternidad a la mujer de Carlos, que era Campeón de Castilla-La Mancha de Culturismo, y, mientras yo me encontraba haciendo un curl de mancuerna a una mano, se me acercó Mario, y me comentó:
-Queremos regalarle al bebé de Carlos un peluche. Vamos a participar todos en una colecta.
Yo permanecí en silencio, como pensándome la respuesta. Finalmente, respondí:
-Ya pago a Carlos la mensualidad-dije-No pienso pagarle nada más.
Mario se quedó sorprendido. No hice comentario alguno de las bromas pesadas, de los desplantes de Carlos con el grupito, de sus tomaduras de pelo hacía mí, su víctima predilecta, ni, desde luego, que lo único que hacía era entrenar después de venir del trabajo. Pero aprendí a cortarle en la agudeza de sus respuestas. Las mías eran mucho más ácidas y agudas todavía, hasta que, finalmente, con mi rechazo definitivo (porque no me fiaba de ninguno del grupito) creó un enemigo más: el propio Carlos.
Pero él se lo había buscado. Incluso dejó de atenderme para que me creara nuevas rutinas. Decía que estaba ocupado. Una falsedad. Ocupado hablando con sus “amiguetes” que, en cuanto dejó el negocio, en el Embajada, nadie se acordó de él, ni lo tuvieron en cuenta. Jamás supo escoger sus amistades, y sí reírse de los pocos que no deseaban nada negativo.
Naturalmente que quedé como un enemigo, muy mal. Pero la furia ya había estallado. Y, cuando años después, me insistió, por vía de mi hermano pequeño, que regresara a entrenar, me negué en redondo. Es más, le dije que no me apetecía. El sabía, tan bien como yo, que un poco de ejercicio me sentaría bastante mejor, pero no estaba dispuesto a soportar la chabacanería de un paisano, después del infierno que pasé. No lo vi en ningún momento. Mi vida iba, y sigue, por otros derroteros.

lunes, 4 de julio de 2011

La expresión del dibujo

¿Qué nos dice un dibujo, aún siendo un esbozo balbuciente, una tímida composición, en grado imperfecto, en donde, quizás, se muestra la naturaleza del autor? Para ello, tendríamos que preguntarnos que significa el arte, la razón de ser del arte.
En principio, un dibujo o varios. Incluso ilustraciones más complejas, nos enseñan la época en que vivimos, o nos hemos movido. Eso no quiere decir que haya una máquina del tiempo por ahí. Si la hubiera, ya tendría una en mi poder, y con la capacidad de viajar con todas las épocas. Y si la hay, no he visto propaganda o publicidad alguna que la vendan.
Continuemos: cada artista tiene su manera de expresarse. En este siglo XXI, ya abarcamos todas las disciplinas del arte gráfico (cómics y pósters, incluso bizarras ilustraciones, y una expresión infinita que no termina nunca); pero, es la naturaleza del dibujo, o acuarela, o historia cómica (en el sentido de cómic, tebeo) que hasta las novelas, en ocasiones, se basan en esto, y en algún que otro sentido cinematográfico. Si el siglo XX fue el Dominio de la Imagen, el siglo XXI es el Dominio de lo Digital.
Continuamente, la información gráfica, en Google, se renueva constantemente, y es de agradecer. Siempre queda algo por mostrar. Y desde aquí, agradezco, a todos aquellos que cuelgan imágenes, la calidad de muchas, y la mediocre calidad de otras (esforzaos un poquito, caramba); porque una ilustración no sólo se admira, sino que se versiona, sin llegar al plagio.
En mi descargo diré, que los dibujos que hago, al utilizar la memoria, son bastante imperfectos. Prescindo del modelo, para que mi memoria trabaje, pero es flaca, y utilizo la imaginación, la fantasía, pero que no es idéntico al modelo. Es una versión. Ahora, pienso que debería estudiar el modelo, y luego, versionarlo (no plagiarlo, si no modestamente, interpretarlo). En la red hay ejemplos de ello, y muy buenos. De hecho, soy partidario de llevar la imaginación al poder (pero ya se hizo en el 68, y así estamos, hundidos en el consumismo) Pero un dibujo es válido, importando poco su calidad. Ha de hipnotizar al espectador, al admirador. Tampoco hay que ponerse pedante y decir absurdos datos de época. La magia permanece en el dibujo. La magia de lo imprevisto, y cada uno lo lee, según su propio interés. Además, en arquitectura, el Románico no deja de serlo, por mucho que hayamos avanzado. Deja de serlo, en cuanto se pierde. Por eso, la información digital, nunca se pierde, hasta que perdamos la energía eléctrica, o un satélite falle, o toda la Red se caiga. Una pérdida, espero, lejana, pero que puede fastidiar a millones de personas.
Bienvenidos sean los esbozos y las composiciones acabadas. Otro día, más.

domingo, 3 de julio de 2011

Tardes de Sábado

Los sábados estivales deberían estar prohibidos, y esta vez sí, por clamor popular. Me refiero a las tardes calurosas; esas tardes veraniegas, que es mejor pasarlas en casa. En compañía también; pero te sorprende un descenso de la tensión, y ya te despides de la realidad para siempre. ¿Provocada por el calor? Muy posible. En sábados como estos, no se puede ni respirar. Falta oxígeno en el ambiente, y sobra ozono. El calor desciende a la tierra, a la ciudad, y uno se encuentra con una apoplejía. En invierno, uno puede coger un poco de frío, o de fiebre, por la ausencia de defensas. Sólo eso.
Prefiero los sábados al atardecer, cuando quedan pocos vestigios del gigante de gas, y sólo eso. Por otra parte, el ozono se queda pegado al suelo. Poco importa que la luz o el calor sean fotones (ondas y átomos); pero queda claro que, por mucho que combatamos contra un amigo un tanto inconsciente (hay personas que fallecen por insolación), pero muy consciente.
Otra cosa es que un sábado sea agradable. Que los hay. Bueno, quizás no deberían prohibir los sábados. Ya tenemos un Gobierno que nos prohíbe hasta caminar, o respirar. Seguramente, los sábados de este verano son socialistas, y así, en varias legislaturas. Por eso, en estos sábados estivales, no se puede ni respirar, y provocan estas bajadas de tensión. Hasta el Sol se ha conchabado para que este verano sea una tragedia.

sábado, 2 de julio de 2011

A James Cameron no le hizo gracia El Roble Austríaco

Este encuentro fue histórico en la Historia del Cine. James Cameron empezaba a rodar su primer largo, y necesitaba a una estrella conocida. No quería a un tipo basto, a lo Sansón, para su Terminator. Cuando se presentó Schwarzennegger para interpretar a Terminator, James Cameron expuso sus dudas:
-No. Conan no interpretará a mi Terminator.
Pero Arnold le dio nuevas ideas sobre como veía al personaje. No hablaría, o apenas. Incluso Arnold se preparó para el personaje a conciencia. Entrenó muy duro, hasta lograr una especie de cyborg totalmente mecánico. Pero a Cameron no le convencía la idea. ¿Cómo Conan interpretaría a su personaje, el principal malo de la cinta? Pero Arnold insistió, y lo logró convencer.
Pero Cameron aún tenía en mente a Arnold como Conan. ¿Qué podía aportar el actor de Conan el Bárbaro, a su personaje, Terminator? Cameron continuó dudando, y le dijo a Arnold que ya lo llamaría. Mientras tanto, el rodaje se retrasaba. Cameron no encontraba al actor adecuado. Cameron pensaba en las viejas glorias de Hollywood, pero las descartó. Ninguno daba la talla. Incluso pensó en el Roble, para interpretar al bueno de la película, aquél que defendería a Sarah O’Connor; pero también lo descartó. La productora se puso en marcha, buscando exteriores por Nueva York, y Los Ángeles, pero continuaban sin actor para el papel de Terminator. La mayoría estaba desfondados, y no daban la talla.
Al final, tuvo que llamar a Arnold, que se encontraba en gestiones para rodar Conan el Destructor, la secuencia de Conan el Bárbaro. Llamó Cameron a Arnold, y le dijo que lo contrataba. Por suerte, Conan el Destructor, aún no se rodaba. Cameron ya tenía actor, y no se arrepintió de su elección.

viernes, 1 de julio de 2011

En Julio

Ya es Julio. Es tiempo de que el calor se reafirme, y lo pasemos algo mal, los que nos encontramos en Madrid. Otros, se hallarán en lugares más frescos con la Operación Salida. Pero, este año, Madrid, no se quedará tan desierto. No hay dinero para ello.
Eso sí, yo he aprovechado la Biblioteca del barrio, para leerme unos cinco libros cada mes, o más. Por lo menos, pasaré un verano acompañado de las palabras, que falta nos hacen, porque es un consuelo como nuestro Presidente, niega lo evidente (pa ná que hace); pero, bueno, pelillos a la mar, o a la piscina. Capearemos el calor como mejor podamos, y es posible que, en este caso, se trate de un verano más tranquilo.
Claro, queda el socorrista que no la líe parda, que lo hará, o aquel salvavidas que, en la playa, tanto de Levante como del Norte, a la hora del bocadillo, se decida a salvar al ahogado o ahogada (y necesitará abogado, si no lo hace) con eso de decirle al pobre turista que ir, lo que es ir, pero vamos, que son las doce, y luego, la una, y la hora de la comida. Que no es por no ir; que sí, que sí hubiere de ir,se va, pero que ir, ir, vamos, que ir pa ná, es tontería. Pues eso.