Entradas Universales

martes, 28 de enero de 2014

Hablemos del alma...

Abro el cuaderno, y encuentro las páginas emborronadas, y mientras hago esto, me encuentro con un tema fascinante, que ha mantenido ocupados a los filósofos, ocultistas, espiritistas y místicos: hablemos del alma...
El alma ha sido definida como la sustancia que pertenece al cuerpo. Por ejemplo, los filósofos lo llamaron "psikè", los romanos "ánima", y creían que se encontraba en la cabeza, el hígado y el corazón. Pero, en realidad, muchos han intentado definirla, fracasando en el intento, porque el alma no es posible definirla. Los pueblos germánicos creían que el alma se encontraba en el riego sanguíneo que les permitía irradiar la chispa vital al organismo. La religión la definió como parte del cuerpo, muy semejante al cuerpo humano o animal.
Pero ninguna de estas hipótesis parece convencer a nadie. El alma sigue siendo un misterio, porque, por otra parte, los egipcios, la llamaron "Ka", que es una réplica sutil del cuerpo del finado, que ha de pesarse en la balanza.
Nos hallamos, sin embargo, en la encrucijada, porque, de alguna manera, el alma es imposible de definir. No podemos tocarla o saber de ella. De hecho, según los ocultistas, el alma es un hálito que gira alrededor de la persona, vibrando, porque es sensitiva; pero es imposible sentir algo que es demasiado sutil, y que se es puede respirar. 

lunes, 27 de enero de 2014

Moverse y sentir

Saludos a todos los entes materiales e inmateriales. Ayer nos quedamos con la apertura del cuaderno, de mi cuaderno; seguimos con el ente en movimiento, pero esta vez, sentiente o sensitivo. Ente es, sobre todo, un animal racional, como por ejemplo, el ser humano. Tienes sus fallas; pero según Aristóteles y Tomás de Aquino, es la máquina más perfecta, que otros muchos animales, sean bestias salvajes o animales domésticos. Disiento un poco, porque, en los últimos estudios, los animales también tienen su ánima, es decir, sienten, pero de una forma muy básica, o primitiva, porque, ¿quiénes no han visto llorar a un perro, o un gato, o quejarse a un gorrino de la suerte que le espera en el matadero? Ciertamente, su sentir es poco profundo, quizás, porque no nos preocupamos de estudiarlos a fondo. Nos basta decir que sus necesidades son básicas e "irracionales"; ¡Claro! Como inventamos la guerra, somos los animales racionales más inteligentes del Universo; pero por eso nos llevamos por delante todo lo que se nos ponga como obstáculo.
Los animales no racionales, sea tu perro o gato o cerdo coreano, no necesitan enfrentarse entre sí. No hacen la guerra, porque no la necesitan. Después de todo, Aristóteles escribe, y con razón discurre, que son limitados. Ya, Toottles, y nosotros no.
En realidad, los animales nos superan. Nacen con el instinto de supervivencia que nosotros hemos perdido, con un equipo de defensa que ya querrían muchos superhéroes urbanos, y con la capacidad de actuar con rapidez. Cuando gritas una orden a tu perro, éste no se para por temor. Deja de correr, porque le has impuesto una orden, y como sabe que le cuidas, y se ha criado contigo, desde cachorro, sabe que tiene que obedecerte, porque le das seguridad.
A los humanos casi nos sucede lo mismo, y para ello existe, no sólo la tradición, sino la herencia tribal. Las ciudades lo son, por la convivencia de diversas familias, o clanes; pero, en los últimos años, nos acercamos a lo mismo, a la tribalidad, por la crisis que nos estamos tragando. La inseguridad crece, y nos vemos sometidos a tensiones que se traducen en violencia. Violencia de los descerebrados, de aquellos que sin conflictos no están tranquilos. Y luego, nos llamamos racionales. ¡Quia ad Absurdum! Por lo menos, a lo largo de la Historia, no se han registrado batallas entre perros y gatos, o tiburones y delfines. Somos movimiento y sentir, y tropezamos con la misma piedra, todos los días. Mañana..., ¡más!

domingo, 26 de enero de 2014

Abriendo cuadernos..., y el movimiento de los entes

Saludos a todos los entes, parados o en movimiento perpetuo, que se preguntan, desde antiguo, las razones de sus movimientos en su finitud inextensa. Porque, claro, movernos, lo hacemos casi todos. Otros están en sillas de ruedas, y se mueven merced a dicho auxilio mecánico. También, como no podemos abarcar el infinito del Universo, de los universos, pardíez, porque nuestra inteligencia se encuentra limitada con nuestras percepción, que también está limitada. Eso no quita que seamos entes sensibles o sensitivos, porque vemos los límites (y eso, si hemos logrado salir del Planeta); eso no nos convierte en seres limitados.
Por ende, si utilizamos la imaginación (que de esa nos sobra, no hay nadie más embaucador que el ente escritor, lector o soñador) nos estamos mintiendo. Por ejemplo, algún ente material puede presentarse y decir: más allá de Plutón, hay aves gigantes de colores que miden ciento cincuenta metros, y son, en ocasiones dóciles, y en otras hostiles. Oímos esto, y decimos, "podría" ser cierto; pero entonces entra el policía de la razón, y pregunta: ¿lo puedes demostrar?; a lo que responderá el ente: son ideas, y las ideas también son entes, pero abstractos. Menuda hostia que le da el policía de la razón (razón filosófica, claro); mentís, mentís, y vos de vos, os reís (no es mío, es de otro autor, pero lo dice el policía de la razón (filosófica), tendrás que comprobarlo científicamente. Y ahí, el ente sale huyendo con el policía detrás, porque ha cometido un delito de apreciación. Esas aves existen, pero en la imaginación del ente, y no significa que sean reales, puesto que es un intento, tramposo, de intentar llegar a una verdad científica que ha de demostrarse.
Por otra parte, hemos conseguido que el ente salga corriendo, se ponga en movimiento, y no modifique su aspecto. Pero esto es relativo, porque el ente corre para salvarse de las hostias del policía de la razón (filosófica), y claro, su movimiento ha sido voluntario, y si se hubiera parado igual, no cambiaría gran cosa, naturalmente.
De manera que abro mi cuaderno, y también estoy ejerciendo un movimiento. Mi mano cambia de postura, y el lomo del cuaderno, ambos conjuntamente, con perspectiva. Bueno, pues ya tenéis algo con que reflexionar durante estos días. Yo sigo con el cuaderno. Mañana..., ¡más!

sábado, 25 de enero de 2014

De los Mundos

El Mundo Asia, el exterior
Cada persona es un mundo. En realidad somos millones y millones de mundos. Y cada mundo contiene aquello que puede contener, tales como alegrías y penas, y victorias y derrotas. Y esto, no sólo así, sino que los hay complejos y simples, y como laberintos, y más.
Sin embargo, la sensación de ser numerosos, en todos los Universos, no implica que seamos, del todo, iguales. En la entrada anterior, dejé claro que, como mundos, somos de sangre, carne y huesos. Tampoco nos distingue de los animales salvajes o domésticos, porque si nos hacemos daño, o sangramos, nos duele. De todas maneras, eso nos convierte en mortales, pero hasta cierto punto.
Somos energeia (es decir, acto); pero siendo acto, también tenemos la capacidad de cambiar las cosas, o de abandonarlas a su suerte. Hecho que nos precipita, en ocasiones, al ostracismo, o a la soledad, pero no implica que, de vez en cuando, como mundo, el dolor nos destruya y nos doblegue, convirtiéndonos en víctimas de nuestros propios actos, incluso cuando son equivocados o erróneos.
De ahí, que los actos son importantes. No de una manera que provoquen animadversión, pero los actos forman parte de nosotros. Así haces las cosas, así serás juzgado. Pero, no por juzgar, precisamente, se nos conoce a los seres humanos, si no por tener, en estos casos, ideas preconcebidas del Universo.
El Cosmos es muy extenso. y se debe, sobre todo, a que no lo conocemos del todo. Sólo a distancia, y es una distancia igual de extensa. Claro, no nos queda más remedio que observarlo, y que nuestra carrera hacia el espacio, se ve truncada por las crisis económicas, que evitarán que avancemos con nuestra tecnología, que es inmensa, pero que, algún día lo conseguiremos, o no. ¿Quién sabe?
Desde luego, la cosa no pinta nada bien. Si no podemos llegar más allá del Universo, porque si nos limitamos a nuestro universo común, vemos que lo que guardamos en nuestro interior, sigue siendo limitado. Y eso es frustrante.
Es posible que, dentro de unos futuros próximos, nuestra nave Tierra, sólo sea, con el tiempo, una estación de tránsito, y no una cadena que nos une a ella, con la mortalidad.

viernes, 24 de enero de 2014

Entre otros paisajes y panoramas

El paisaje de Asia Carrera
Bueno, al final, tanto paisaje cansa un poco. Ciertamente que los paisajes tienen los días contados, tantos, como el ser humano en el Planeta si no hace algo para remediarlo. Pero hay otros pasajes que muchos prefieren ignorar. Se ven tantas cosas, que es preferible ignorarlos, y con razón.
Es posible que esos paisajes prefieran permanecer en el anonimato, cuando brillaron con descaro en su momento, y claro, razón no les falta. El anonimato es preferible, después de una carrera meteórica. Pero está claro que las estrellas que brillan durante un tiempo dilatado, acaban por quemarse y apagarse.
Pero esto no significa que dichos paisajes no hallan brillado con honestidad. Muchos se han acabado antes, porque así es la realidad, que todo lo consume. Por lo menos, la realidad que hemos creado nosotros, que es muy artificial, hasta tal punto que, por lo menos, nos hemos acostumbrado a vivir entre paredes del modo más natural; pero bueno, esto forma parte del desarrollo tecnológico. Y eso es el precio que se paga.
Por otra parte, dudo mucho que el ser humano hubiera estado demasiado implicado con la naturaleza. Cierto, aún quedan tribus, hasta tal punto, que en el Amazonas, e incluso en la lejana, y casi extinguida Mongolia, quedan seres humanos que viven sus tradiciones en comunión con la naturaleza. Tener un jardín, por muy extenso que sea, no significa que se conviva con la naturaleza. Sólo es una clasificación botánica de especímenes vegetales, colocados por arbitrio, y no a la buena de Dios.
Por eso, creo que los paisajes son otra cosa. Permanecen ahí, y por lo menos, se disponen a brillar con la vista, con los sentidos y con las fragancias. Nuestro mundo es, pues, muy limitado, en este aspecto, hasta tal punto que, lo deseemos o no, esos paisajes también son efímeros. Los paisajes naturales no envejecen, pues cada año se forma uno nuevo, tras el paso de las estaciones. Pero los paisajes humanos, sí. Acaban por marchitarse, y perder la forma, demostrando que, hasta los propios animales racionales que somos, acabamos por tirar la toalla, porque nuestro paisaje exterior es caduco.
Y, sí, me refiero metafóricamente, a nuestro aspecto, nuestra piel, sangre y huesos y carne, que ha de luchar contra el deterioro más trágico y dramático, porque así es el tiempo, que no perdona nunca, y que nada más nacer, morimos.

jueves, 23 de enero de 2014

Vuelve

Otra vez, ha vuelto el resfriado. Lo noté esta mañana, y eso que toso poco, pero el dolor en la garganta es terrible. Precisamente, pedí consulta hoy, y otra vez, a seguir el ciclo, con este molesto ir y venir del resfriado. Un pormenor del tiempo más.

miércoles, 22 de enero de 2014

Menuda lluvia

Hoy ha vuelto a llover. estoy buscando la manera de describir el tipo de lluvia. Gotas numerosas, pero un frío que penetraba en los huesos como un incómodo invasor. Las manos se me helaron, y no había hormigueo, sino que el frío entraba sin ningún respeto. De hecho, el libro que estaba leyendo, se mojó un poco, y fue imposible la lectura, cuando empezó a llover, en serio, y con mala idea, porque el frío se agarraba y  no soltaba.
Caminar bajo la lluvia, cuando agua y frío se asocian, no es una forma muy inteligente de soportarla. Además, el amigo que me acompañaba, vaticinó que no llovería hoy, y se equivocó. Como se nota que hay hombres del Tiempo que no lo son.
Por suerte, nos resguardamos de la lluvia, pero el frío ya había entrado en el cuerpo. Quevedo ya lo describió, asemejando al frío, porque era un friolero, como buen español, que le atravesaba la piel como púas de cuchillo, o algo parecido. Más frío debió hacer en pleno siglo XVII.