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martes, 28 de enero de 2014

Hablemos del alma...

Abro el cuaderno, y encuentro las páginas emborronadas, y mientras hago esto, me encuentro con un tema fascinante, que ha mantenido ocupados a los filósofos, ocultistas, espiritistas y místicos: hablemos del alma...
El alma ha sido definida como la sustancia que pertenece al cuerpo. Por ejemplo, los filósofos lo llamaron "psikè", los romanos "ánima", y creían que se encontraba en la cabeza, el hígado y el corazón. Pero, en realidad, muchos han intentado definirla, fracasando en el intento, porque el alma no es posible definirla. Los pueblos germánicos creían que el alma se encontraba en el riego sanguíneo que les permitía irradiar la chispa vital al organismo. La religión la definió como parte del cuerpo, muy semejante al cuerpo humano o animal.
Pero ninguna de estas hipótesis parece convencer a nadie. El alma sigue siendo un misterio, porque, por otra parte, los egipcios, la llamaron "Ka", que es una réplica sutil del cuerpo del finado, que ha de pesarse en la balanza.
Nos hallamos, sin embargo, en la encrucijada, porque, de alguna manera, el alma es imposible de definir. No podemos tocarla o saber de ella. De hecho, según los ocultistas, el alma es un hálito que gira alrededor de la persona, vibrando, porque es sensitiva; pero es imposible sentir algo que es demasiado sutil, y que se es puede respirar. 

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