Entradas Universales

martes, 31 de julio de 2012

Calor y agobio

Un mes con mucho calor, que he pasado escribiendo quizás sobre cuestiones peregrinas. Desde que este blog lo puse en funcionamiento, ha tratado de ser variable. Aún me quedan entradas por escribir y etiquetas por multiplicar.
Hemos pasado un mes por agua y demasiado calor, un calor agradable algunas veces, y agobiante e irrespirable en otras. La crisis continúa. No parece que se vaya a acabar; pero, en este caso, el verano sirve para disrfrutar, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, hasta ni de las vacaciones es posible disfrutar, porque todo el planeta se encuentra en una crisis que algunos prefieren obviar, y de la que otros se aprovechan.
Ya quisiera (pero odio esta palabreja) que las cosas se arreglaran, pero los culpables son otros, que aprovechan las pérdidas para guardar y aumentar sus ganancias. Hay mucho río revuelto, y los peces están ahí; mas las redes las imponen otros.
A esto se suma la corrupción en casi todos los estamentos del país, y el aumento del paro, que vamos camino de los seis millones. Y la guerra, siempre presente, visual e invisible. No voy a ser tan ingenuo como para pensar que todo puede arreglarse. Los acontecimientos históricos van lentos, o se encuentran dinámicos pero con pies de cemento. Esperemos que el mes que viene se presente mejor.
O, por lo menos, que se intente.

lunes, 30 de julio de 2012

El ordenador como instrumento artístico

¡Qué no me vengan con que el ordenador no es artístico! Para escribir hay que cuidar todos los detalles. Dios se encuentra en los detalles; en cambio, el Adversario, siempre se las apañará para demostrar que ama el caos y el desorden.
El mundo no se acaba por escribir en una pantalla. O en un folio. Es posible combinar ambos aspectos, hasta el punto de que se les puede sacar provecho.
Mejora, sobre todo, la capacidad para reflejar nuestras actitudes literarias y artísticas en nuestros escritos. De hecho, Wilde llamaba "arte", a la capacidad de escribir, no sólo obras maestras, sino mejorar el mundo. ¡Lástima que este sublime y magistral autor, muriera solo y en la indigencia, y alcohólico, en París! Wilde sabía qué significaba ser apreciado, no sólo por escribir bien, sino por elevar la propia escritura a la categoría de arte, y no a un mero instrumento administrativo o comercial.
Por eso, el ordenador no empobrece. En sus programas se nos facilita la capacidad para ser más creativos, y empezar cada día, con un hecho interesante que contar.

domingo, 29 de julio de 2012

Monacal

Tampoco es cosa de meterse en un monasterio y ponerse a copiar e iluminar manuscritos. Basta con un poco de recogimiento, con cierta tranquilidad; pero una obra maestra no saldrá.
Para eso ha de pasar mucho tiempo. Incluso el tiempo en contra, las responsabilidades diarias, y un largo etcétera...
Con la tecnología, nos queda poco tiempo de soledad, para escribir. La noche es la única salida, y una cierta tranquilidad, pues se trata de escribir lo primero que se te ocurra.
Tampoco tiene porqué ser lo primero, lo segundo y lo tercero y lo cuarto... , también cuentan. Basta con ponerse. Pero no soy el más indicado. Para eso, basta con buscar información, leer libros o manuales, y leer mucha literatura, de cualquier género. Y asistir a Talleres.
Los Talleres son muy importantes. Te guían en las dudas, te ofrecen ayuda, y podrás leer tus primeros intentos, o los últimos. Como véis, no es necesario la vida monacal para escribir. Sólo la voluntad e intención de escribir. Si no es hoy, mañana, o al día siguiente. Depende mucho como te encuentres. Porque, escribir todos los días, puede resultar una bendición, un suplicio o un agotamiento.
Dependiendo de la persona. Sé que hay muchas que no pueden dejar de escribir, aunque la composición no se escriba en un futuro. Pero a la hora de escribir, todo recurso es válido.

sábado, 28 de julio de 2012

Mind Power

Por mucho poder mental que tengas, si la idea no es buena, empieza de nuevo, o deja la escritura por el momento. Hay buenas ideas que no llegan a buen puerto. Por experiencia, sé que, por muy buenas ideas que tenga, un cuento no me va salir a la primera.
Antes era muy prolífico, e incluso, llevé al Taller (La Calabaza, en Alameda de Osuna) hasta tres cuentos simultáneos, y me sobraba energía. De los tres, sólo uno me salía, y, en ocasiones, ni eso. Entonces, empezaba a preguntarme si perdía el tiempo "juntando palabras", o que la cuestión era yo, que me comprometía a escribir un relato cada semana, e incluso más, cuando la escritura de poemas, me lo permitía.
Y no. No veréis ningún poema en este blog de mi cosecha. Generalmente, hay aspirantes a poetas que no han leído un libro en su vida. Con un amigo, llegamos a la conclusión de que se trataban de unos penosos intentos que, en vez de elevar las cumbres del Parnaso, más bien se desechaban a los residuos de los malos vates y cantores.
Naturalmente, tanto para escribir prosa o verso, es mejor prepararse,  no vaya a ser que caiga un batacazo, y la creatividad se suma a la crisis que estamos viviendo. No hay que ser tan prolífico, si la mitad es insalvable.
De manera inoportuna, casi todos, o todos mis cuentos salían muertos o en coma de mis manos, y había que llevarlos a urgencias, por si se salvaban. Ninguno sobrevivió; alguno mejoró, y otros, no había modo de devolverlos a la vida.
Por eso, os aconsejo que os demoréis a la hora de escribir un cuento semanal. Si hasta el tercer día no lo habéis completado, mejor. Los vehículos se construyen en un día, pero los empleados de la fábrica, para que funcione el mecanismo, han de seguir una cadena, para que el producto salga perfecto. Por suerte, la escritura ofrece que puedes escribir un cuento en un mes, y luego corregirlo al año siguiente. Pero, como algunos trabajáis, no pasa nada. Os quedan los fines de semana, o las vacaciones, y podréis entrenar en el Poder Mental de la Creación Literaria (o Escritura Creativa); y que los fracasos no os desesperen. Son un impulso más, para continuar escribiendo.

viernes, 27 de julio de 2012

La primera hoja

Todas las hojas son siempre las primeras. Como no soy el más indicado, según mi experiencia, el hecho de escribir, siendo vital (para algunos) es un hecho difícil de negar.La primera hoja sirve para empezar, y de ahí, muchas más. Algunas irán a la papelera, o quedarán como archivos que, en su momento, servirán. O no.

jueves, 26 de julio de 2012

Congelado

La imagen no es coincidente, pero casi parecida. He pasado muchos inviernos con las manos congeladas. Los dolores articulares en los que deseaba morir, porque las falanges me dolían. Los días de reparto, en donde, si llovía, los guantes se mojaban, y luego, si helaba (y es curioso que lo escriba en pleno verano), esos mismos guantes se petrificaban y helaban, con la imposibilidad de permitir su movimiento.
No elegí ser repartidor, hace tiempo, porque es una acción que pertenece al pasado; pero tampoco pude madurar como mozo de almacén. Sólo recuerdo los tres inviernos que pasé, y la imposibilidad de batallar contra el frío. Llegué a tener incluso enfriamientos pulmonares, en los que penetraba el aire frío por la tráquea, con la consabida fiebre.
Y a nadie le importaba.
Pero, cuando nevaba o helaba, la capacidad de congelación estaba a la hora del día. Yo seguía adelante, pero el frío es imposible de combatir. Y es, desde hace mucho tiempo, una batalla perdida.

miércoles, 25 de julio de 2012

Improcedencias e injustificaciones

Hace más de una década que el mundo del trabajo me es tan ajeno y no se asemeja nada al mundo humano. Y, ahora, en esta Memorabilia, no se me han olvidado las ocasiones en que se ponía punto y final a mi existencia como trabajador o empleado, y que, ahora, no me afecta. Es doloroso que afecte a otras personas cercanas y, si pudiera hacer algo lo haría.
Pero recuerdo que, de los años 1992  al 1994 fui despedido sin razón aparente de todos los empleos en los que me contrataron (hubo hasta "mobbing", esto es, acoso laboral, por parte de los jefes, y de los compañeros. Algunos, no todos. Los algunos, en cambio, parecían estar en Babia, dicho sea de paso); hubo diferencias de criterio, y quizás varios choques. Pero, además de ser siempre algo polemista, no me gustaba nada que atacaran mi dignidad. Por ejemplo en un comercio de alimentación, uno de los encargados no dejaba de insultarme, y llegaba a casa, además de con el cuerpo dolorido (porque me dejaba la piel) la cabeza no muy bien. Ataques de angustia, ansiedad, arritmias que me provocaban molestias digestivas, y un largo etcétera de incomodidades físicas.
 Por esa época quería dedicarme a escribir. Pero era imposible. Mi mente trabajaba mucho, pero no veía buenas ideas. Pero el germen de este presente se encontraba en ese pasado de hace un siglo (de finales de siglo, claro); en otro empleo, el roce fue con el encargado: me ocupaba de la limpieza de la calle, como peón de la limpieza, los fines de semana y días festivos. Lo que provocó la tensión fue que el encargado, de nombre Javier, se dedicó a aficionarse al acoso laboral, hasta que un día estallé porque decía que tenía que llegar una hora más tarde que mis compañeros. Me negué, y reconozco que lo envié a un lugar bastante asqueroso con las palabras. Intentó hacerme firmar un papel en blanco, pero me negué. Una hora después, me hallaba fuera del cantón.
-¡Qué no entre el próximo día!-le escuché al encargado.
Al llegar a casa el peso disminuyó, pero también me sentí estafado.
En otro trabajo, el despido se debió a un sapo de cabello rubio y con gafas, que, en cierto momento, y en presencia de todos los compañeros del turno, por la tarde, se metió conmigo, delante de todos, refiriéndose a poner en duda mi virilidad, y con un insulto molesto y bastante pobre. Yo le respondí:
-No pensaba lo mismo tu mujer la otra noche.
No era cierto, pero el sapo asqueroso empezó a llorar, y creo que se chivó como una perra a los jefazos. También, me gritaba en sollozos que me iba a enterar. La cobardía tiene muchas salidas, y delatar de nada a un compañero, o subordinado, parece que está muy premiado.
Cuando me fui a disculpar, me dijo el sapo:
-Es demasiado tarde.
le repliqué:
-Exacto. Demasiado tarde.
Pero no olvido que casi toda la empresa me hizo acoso laboral. Casi todos se pusieron de acuerdo para provocarme tensión e, incluso, mis defensas bajaron hasta el punto de contraer una gripe mortal. Cuando la empresa desapareció, porque un pez más grande se había alimentado del diminuto, no me alegré; pero sí me alegré por los desgraciados de turno que se confabularon para hacérmelas pasar mal. Creo que, ahora, es difícil que encuentren trabajo. El Destino da muchas lecciones, y el mal siempre regresa a quienes lo enviaron.