Entradas Universales

sábado, 14 de julio de 2012

Sobre la ayuda del portafolio (clipboard)

 Siempre es posible llevar un portafolio a todas partes. Por ejemplo, yo lo suelo llevar, en verano,  a la piscina. Pero nunca fuera de casa. Además, un portafolio llama demasiado la atención: suele ser grande y llama la atención, incluyendo a personas que, por el mero hecho de tomar notas, no suelen verlo de la misma manera.
En cualquier lugar no es tan discreto como una libreta o un cuaderno de notas, o también, como una agenda. El portafolios, tamaño folio, dice lo mismo que un libro tamaño folio, liso y que esté bien encuadernado y listo para escribirse: llama la atención de una manera muy escandalosa (muy escandalosa, repito) y el asunto se complica cuando te dedicas a escribir sobre esto o aquello, delante del público. En primer lugar, no lo aceptan y, en segundo lugar, creerán que estás anotando cosas sobre ellos, cuando en realidad tratas de encontrar algún pensamiento que acabas de atrapar y que se puede fugar en cualquier momento.
¿Qué hacer?
La respuesta es bien sencilla. Ignorar el exterior. Sólo lo piensan, pero dudo mucho, por experiencia, que entren en acción. Las personas se preocupan muy poco de los extraños; pero es insoportable que, por el mero hecho de llevar un portafolio, te juzguen de cualquier manera. Si es negro, suele ser discreto, y nadie pregunta. Pero nadie preguntará. Es seguro.

viernes, 13 de julio de 2012

Sobre los Diarios o Journals...

Confieso que, por mi cuenta, llevo un Diario personal desde hace dos años. Pero no pienso desvelar. Apenas tiene que ver con esta Bitácora, en donde el viaje nunca acaba, puesto que tengo una más: www.laleyendadelinmortal.blogspot.com y que, en ocasiones, me libera de ciertos compromisos con la escritura, porque he creado su propio mundo, y que pertenece a este mismo blog.
Es posible que esta otra bitácora vaya lenta; pero ya lograré el ritmo, en cuanto pueda mutar dos brazos más y que un cerebro cibernético me ayude para escribir simultáneamente. En cuanto a esto, como ya está aclarado, pasemos al asunto que nos concierne.
Escribir un diario no es nada del otro mundo. Hay escritores que sólo escriben diarios íntimos o personales, se ponen a parir a sus amigos, y quedan bien con el lector, pero mal con todo el mundo. Sus diarios se encuentran cubiertos e infestados de mentiras, embustes y exageraciones, que les vendrán muy bien para oxigenarse y seguir atacando por los flancos para ver si hay algún Goliath que derribar.
Castillo del Pino propone esto: hablar mal del prójimo, inventar, corregir el diario y mentir como un cosaco. Dice de Los Cuadernos de Lanzarote de Saramago que le aburren, le provocan un tedio mezquino, y que Saramago no debería dedicarse, o haberse dedicado, pues hace un par de años que es un óbito, a escribir sus novelas, en vez de aburrir al lector. ¡Pues a mí no me ha aburrido nunca, qué conste en acta!
Respecto al embuste. Incluso cuenta Castillo del Pino que publicó en su diario personal, para la imprenta, que su amistad con otro escritor era historia pasada. No recuerdo el nombre de ese amigo suyo del que le gusta hablar mal, y despotricar como un descerebrado. Pero a este amigo, no le hizo gracia.
Admito que prefiero inventar. No lastimo a nadie, y además, suelo utilizar (muy poco) esta cualidad. La invención procede de imaginar. En mi caso, es un "¿ Y sí...?" y ahí empieza el anacoluto, las ronchas y esa palabra que empieza pero que nunca termina. Además, tengo la conciencia muy tranquila, a pesar de las oscuridades del alma, que siempre se hallan presentes.

jueves, 12 de julio de 2012

El cuerpo de la escritura

No soy el más indicado para explicar esto. El cuerpo de la escritura no es el mismo de la imagen. Es más técnico, y necesita mucho trabajo y talento para que funcione. También se le llama "forma"; pero jamás he visto una forma tan poco compleja, como el fondo, que es el verdadero cuerpo.
Así y todo, cuando escribo un cuento, nunca sé si funcionará. De hecho, me lleva bastante tiempo y, después de corregirlo hasta la extenuación (me han aconsejado que tampoco lo haga hasta ese punto), he de dejarlo reposar. Y, aún así, después de mucha corrección, si he disfrutado de la escritura, siempre tengo la duda sobre si habrá salido o no.
Confieso que prefiero dudar a la hora de terminar un relato. Nunca estou seguro del todo hasta que no lo leo en el Taller (el Taller de ese momento) y, aún así, no me fío mucho de mi criterio, y escucho el criterio de los demás, puesto que ven o adivinan cosas que a mí se me escapan. Pero el cuerpo es el cuerpo, y su composición no es del todo misteriosa.
Misterioso es cuando no se sabe en que va acabar, o si será creado de partes inconexas. Ha de buscarse la coherencia, pero no tan coherente que pierda la gracia al leerlo. Eso sí, que cada uno escriba según su propio criterio.
Las pautas son opciones válidas, desde luego.

miércoles, 11 de julio de 2012

Escribir para recordar

Cuando sientes la necesidad de escribir has llegado a un punto esencial del propio arte de la escritura: escribes, no sólo por necesidad, sino por placer. Escribes para recordar y revivir hechos pasados y someterlos al tiempo de la ficción, ubicarlos en un nuevo lugar, y transformar lo real en ficción, para que sea más soportable, o, como ficción, sea más digerible.
En mi caso, suelo evocar hechos de mi pasado, en ocasiones, los peores, y los transformo en ficción. Hay un peligro añadido: no siempre se ha de contar todo, basta con adornarlo e inventarlo, que parezca verosímil, claro, hasta el punto de que, dicha verosimilitud, no choque demasiado con la exageración.
En las Confesiones de Voltaire, el autor mezcla mucho de ambos. El lector tiene la sensación de estar leyendo unas memorias literarias; pero, también se le ofrece la sensación de que el propio Voltaire miente como un bellaco. Por suerte para el filósofo francés, éste es honesto. De los hechos que no recuerda su fecunda memoria, dice no recordarlos.
A muchas personas nos sucede lo mismo; pero, en lugar de admitir que no recordamos del todo, adornamos con tintes fantásticos hasta el hecho o evento más vulgar o sin importancia. En mi caso, como soy narrador, o escribidor, y otros han llevado a cabo una misión más profunda que la mía, mis escritos carecen de importancia. Es una lástima que el género memorialista se inicie tarde en España; pero las Confesiones son un buen ejemplo para empezar a imitar, o incluso, mejorar, aquellas efemérides que se ocultan en el abismo de nuestra memoria.

martes, 10 de julio de 2012

Escritos personales

Es curioso: cuando uno cree estar escribiendo para otros, y que lo lean, en realidad, ha escrito antes para sí mismo, sin darse cuenta. La escritura, en ocasiones, traiciona. Aún hablando o escribiendo de temas distintos o ajenos a la vida del autor, la escritura siempre vuelve. Como un bumerán, narramos nuestra experiencia, pero también nos mentimos.
Una aclaración: el escritor es un mentiroso vocacional. Escribe ficciones, y se debate entre las ficciones que escribe y la vida real que, en ocasiones, se inventa, o la interpreta para que el lector juegue con él. Es un juego peligroso. O como el de la ruleta rusa, que es todavía, un juego aún más peligroso.
Tenemos la idea de que el escritor es un dios imposible de hablar con él. Y no es cierto. Con la Red, el escritor se vuelve más cercano pero, al mismo tiempo, es tan idolatrado como en tiempos pasados. Los lectores ponemos o quitamos puntos: este (escritor) es bueno, aquel es mediocre, ese otro no debería ni dedicarse a escribir; pero las apreciaciones dependen de todos los lectores. Para un lector será mediocre el escritor bueno-o buen escritor-, malo el mediocre y el escritor que no debería dedicarse a escribir, un dios de la escritura.
Sobre gustos no hay nada escrito, o está escrito todo; pero va a ser que no. Otra cosa es todo lo contrario, el lado negativo: hay lectores, que se llaman "lectores" pero que no saben leer, no comprenden lo que leen, y elevan los libros más vendidos, y mal vendidos, a la categoría de obras maestras, cuando son ejercicios meramente comerciales. La escritura personal se torna mercado. Kilos de palabras vendo, que vendo barato, o caro, y lo caro se vende bien barato. Y, claro, picamos.
Un ejemplo es la autora de la Crónicas Vampíricas, Anne Rice. Toda la Multilogía sobre Lestat y demás fauna sobrenatural y no muerta es, a mi manera, lo mejor que ha escrito la autora. Estas novelas tenían más fuerza que el par de películas que se rodaron. Bueno, Stephen Frears adaptó muy bien Entrevista con el vampiro, el primer tomo de la serie. Pero no era todo el libro, que conste. Luego, con la serie Las brujas de Salem la cosa se torció. Rice ya no se ocupaba de los vampiros, porque se había convertido al movimiento evangélico tras la muerte de su hijo de cáncer (o su hija, vaya); la escritora se dijo: no más no-muertos. Y su escritura contenía la misma fuerza, pero la obra era exageradamente densa. ¿Qué trataba de demostrar?
Siento ser demasiado deductivo. La autora de Lestat quería demostrar que la fe le da vida, y que modificó su vida. Pero de la serie de las Brujas de Salem cometió un error: era la confesión de su propio cambio religioso y espiritual, y lo plasmó en esta trilogía. Pero sus baremos han disminuido, se ha vuelto más contenida en su escritura, más intuitiva, sin la intelectualidad que movía sus novelas de sus vampiros. Se volvió más técnica, pero perdió naturalidad. De hecho, leer la serie de Salem, es un suplicio, porque no se sabe a dónde nos quiere llevar cuando renuncia a los vampiros, y se dedica al estudio de la brujería novelística. Bueno, por lo menos, fue ella misma, claro.

lunes, 9 de julio de 2012

Imaginación con un poco de ayuda

La imaginación, además de no ser una Musa (una ventaja, sobre todo), es una manera de expresarnos. La imaginación nos ayuda porque nos permite, entre otras cosas, crear mundos inexistentes, y volverlos reales. De alguna manera, es una herramienta, y se usa-no soy quién deba juzgarla-como arma política, en ciertas políticas opresoras en las Dictaduras modernas, que están cayendo.
La imaginación crea, pero también destruye. Centrémonos en la creación. La literaria.
Crear con la pluma es una especie de catársis, pero también un método para conocerse de nuevo a sí mismo, después de conocernos demasiado. Sucede que uno pasea por la calle, pero es imposible que se salude a su propia persona. Es absurdo, pero el planteamiento puede dar lugar a una historia. Se han escrito muchas.
Basta con acumular estas ideas en el repertorio, guardarlas y ya se les sacará partido más adelante. Gracias a la imaginación hemos evolucionado. El mundo no es el mismo desde hace un millón de años.

domingo, 8 de julio de 2012

Lo que sea, en unas líneas

No basta escribir cualquier cosa; pero sí, saber como decirlas, o escribirlas. En muchas ocasiones me sucede que no se me ocurre nada. Incluso escribiendo una entrada cada día, sea en este o en otro blog. Nunca busco la inspiración, si no la idea, alguna idea que sirva de arranque. O procuro escribir ese día, aunque nada tenga.
De ahí la irregularidad de composición de algunas entradas, sean breves o largas. Muy cierto es que, para escribir, no basta con la idea. Funciona, más bien, aquello que se quiere comunicar. Pero un blog sirve para muchas cosas, e importan las líneas que se escriban. No mucho. Para cada blogger el material es el mismo, y la exposición, distinta.
Hoy, por ejemplo, no me encuentro muy brillante, y he aquí que lo privado ha saltado a lo público.