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lunes, 17 de octubre de 2011

La soledad de los blocs de notas

Y no sólo eso. Hasta que no empiezan a vestirse con palabras no ganan nada. Todo su valor reside en las notas. Algunas pasajeras, otras importantes, algunas íntimas y un sinfín de ecuaciones de palabras que pueden combinarse. Un bloc de notas es el salvoconducto a un mundo demasiado rígido, caótico y material, y, además, poco democrático, porque, cada uno sobrevive como puede, incluso a las malas intenciones. Es la puerta hacia nuestro interior (que algunos tienen, y otros, los han cerrado por completo). Nunca falta una libreta, un bloc o un cuaderno. Hay que atrapar las ideas, los momentos. No importa si el cuaderno o el bloc es un archivo, o es de papel y cartón. Cada momento es cada momento, y es importante. Basta con dejar constancia de que el bloc es un apéndice de nuestro espíritu (que podrán robarnos o arrebatarnos el alma, pero no el espíritu) y llegar a la conclusión final de que son nuestras palabras las que quedan. Espero que este breve apunte no aburra, porque sobre la escritura hay mucho que decir, siempre cambiando, evolucionando, hasta el punto de que, por lo menos, nos queda la rúbrica de nuestra firma, que sangra tinta, y plasma nuestros deseos, anhelos y, ¿cómo no?, nuestras más íntimas desgracias y obscuridades (que sí, con b intercalada).

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