Entradas Universales

martes, 22 de marzo de 2011

Gadafiri ve dragones


Gadafi ha vuelto, quizás con nuevas fuerzas, pero la ONU y la OTAN se le han echado encima. Al parecer, debí de equivocarme en mi apreciaciones, porque tenemos Coronel Gadafi para rato. Por lo menos, porque Gadafi (que no es nada tonto) financió la campaña política del homónimo francés del Zejador, SuperSárkozy. El asunto no pinta bien, pero corren rumores de que traficantes de armas españoles también vendieron su stock al líder libio. Es decir, que si se pone uno a deducir, da la sensación de que Gadafi estaba haciendo la cama a sus amigos. Pero, sí, incluso su hijo es propietario de un equipo italiano, el Inter de Milán, así que la cosa se está poniendo fea, y se está complicando. Lo más seguro es que corran ríos de tinta sobre estos favores que son, a corto plazo, irregularidades de buen vecino, al que luego hay que devolverles favores por favores. Pero, por suerte, EE. UU. se ha metido en el meollo, demasiado tarde. Obama ha aprendido de los errores de Bush, y tratará de controlar Libia, y que Gadafi no salga de su búnker (ser tirano es lo que tiene, un búnker con todas las comodidades); pero, a lo mejor, Gadafi ha huído. ¿Adónde? Pues con su amigo el perrito chavito Huguito, a Venezuela, que tiene todo el apoyo de esta madre de los etarras, que les dan facilidades y vida plena, y el pueblo libio, ¡a sufrir y a pasar hambre y terror y penuria! Después de derrocar a Gadafi, lo siguiente, si se lleva a buen puerto, es derrocar a Hugo Chávez.

Kalevala


El Kalevala es algo más que la herencia de un pueblo, es el canto de una civilización con sus propias reglas, y un elevado sentido de la aventura y la exploración. Las aventuras de Vanaimöinen, nada tienen que envidiar a los mejores relatos del Rey Arturo y sus Caballeros, como tampoco tiene que envidiar a la Biblia, o a cualquier legado cultural con herencia épica. Aún no lo he terminado de leer, pero estoy en ello. Una de las escenas del Kalevala, es cuando el héroe, Vanaimöinen se dedica a construir un barco con el canto. Es decir, a crear a partir de la palabra y la música, desde medidas notas tonales. Y el barco se construye. Aquí es donde el héroe se transforma en dios, porque la magia de las palabras lo vuelven creador, en armonía con el Universo. Otra cosa es que deba morir algún personaje del mismo. Pero Vanaimöinen está inspirado en las leyendas populares islandesas, y desde luego, es una aglomeración de varios héroes a lo largo de la evolución de la épica religiosa islandesa. El Kalevala es una manifestación literaria de alta cultura. Al contrario de hallar en ella una vasta mitología, le basta con la narración, porque el héroe lo demuestra en acciones, a pesar de ser traicionado por su prometida y el Herrero, su mejor amigo. Pero no resta que el Kalevala se lea con admiración, y que las pocas muertes que hay, están justificadas. Recomiendo esta obra a aquel que busque riqueza de lenguaje, y como muleta, para cuando la inspiración se encuentre en coma.

Kryptoniano Prime


Me refiero a Superboy Prime y a Superman Prime. Ambos pertenecen a un mundo en el que los superhéroes son reales. El primero no es consciente de su herencia kryptoniana hasta más tarde, cuando se le presenta la Legión de Superhéroes del siglo XXX, sin haberlos invitado, y que los miembros de la Legión, lo han tomado como ejemplo. El segundo kryptoniano, además de más maduro es el más tardío; pero escribo a partir de intuiciones, es decir, que Superman Prime se volvió malvado, quizás al control de su padre Jor El, y eso no le gustó. Recordemos que Superman se mantiene en la edad de unos 24 o 25 años, aunque su cuerpo, aún más musculado, le hace aparentar más años. Pues bien, tanto Superman como Superboy se volvieron Prime, porque vieron que no podían salvar a nadie. No es la primera vez que sucede. En la serie "Smallville", Kal El /Clark Kent se ve arrastrado por su padre original, Jor El, a una especie de iniciación kryptoniana alternativa. La imagen es una especie de "S" en el pecho, adquirida con tecnología del mismo planeta. Kal El ha de enfrentarse a su lado oscuro, que no ve, porque su lado es demasiado claro. El único que logra frenarlo es su padre adoptivo, Jonathan Kent, que Jor El le proporciona los superpoderes kryptonianos, pero que son de doble filo. Recuperado Clark Kent, Jonathan Kent sufre un ataque cardíaco. Como para estar combatiendo lados oscuros.

Barajas vino con el hielo


Me refiero, naturalmente, a las épocas invernales más duras que ha tenido el Distrito 21. En apariencia, no eran graves, pero adorna los días grises, como la ilustración de una postal navideña desgastada por el uso. Los días de frío, grises, iluminados, en ocasiones, por un sol invernal, tan amarillo como un pomelo, pero con la luz blanca, en algunas ocasiones. Por esa época, recuerdo haber ido a La Casa del Libro, haber comprado un libro, y me regalaban otro, "El dueño del secreto", de Antonio Muñoz Molina, una obrita o nouvelle de encargo, que la leí extasiado, mientras exponía los días invernales y grises del Franquismo. De hecho, no pudieron editar esa novela, porque se trataba de un alegato de un régimen que daba sus últimos coletazos. Suerte había de que era un libro-obsequio de La Casa; pero regalarlo, por lo menos, era un detalle. De hecho, no hallé la novelita años más adelante. Y no la he vuelto a encontrar, ni que se vendiera. Pero la leí hasta finalizar el curso y me dejó un buen sabor de boca. "El dueño del secreto" es una novela sobre la conspiración, que sucede en un Madrid gris y opresivo, en donde el protagonista es contratado por los Servicios de Inteligencia del Régimen, hasta que descubre que no había nada que ocultar, o sí, que había que limpiar el rostro de cara a la Democracia. Era una novela negra, pero de marcado carácter político. Uno se preguntaba porqué Muñoz Molina arriesgó tanto sacando este libro a la luz y obsequio. Pero averiguar eso, es el dilema de todo lector. Mientras tanto, Barajas se despertaba, cada día, con el hielo de los inviernos grises...

lunes, 21 de marzo de 2011

De la máquina de escribir al portátil


De pasar de la máquina de escribir al portátil, habrán transcurrido unos quince o veinte años. Lo primero que tuve fue la máquina de escribir Lettera 846 de mi padre. A mi hermano pequeño le molestaba, porque hacía mucho ruido. Hasta que se estropeó. La llevé a arreglar, para que mi hermano pequeño, volviera a estropearla. Luego, me compré, unos tres o cuatro años después, una Ollivetti 400, que era pequeñita y cumplía, hasta que se estropeó la cinta, y empezó a tener fallos mecánicos. La Tienda en Casa es lo que tiene. Por último, me compré una máquina de escribir eléctronica, que sí hacía mucho ruido, pero era de movimientos suaves. Fue a parar a la basura, en cuanto llegó el primer portátil a casa, seis o siete años después. Y cuando se jubiló el Patriarca, el viejo portátil que me hacía compañía, un Toshiba 240, y con forma de pesado cajón, pero bastante más pequeño que el actual, murió por el deterioro de la batería. Y ahora que tengo otro portátil nuevo, me dedico a guardar los archivos del anterior, que tarda en cargarlos, por eso de la memoria. El anterior, ya tenía diez años o más, y parece que el Toshiba envejeció conmigo, porque lo utilizaba a todas horas, como este, que me permite la Red, y llegar a todos los que le interesen mis habituales chorradas de casi todos los días. Y tampoco han de estar de común acuerdo conmigo.

Llega la primavera


Llega la primavera, y la prima Vera, también. Pero no parece una primavera muy primaveral. Se inicia con terremotos, crisis y conflictos bélicos, hasta el punto que, no parece una primavera muy tranquila. Por suerte, me afecta más el verano. Pero, si eliminaran la primavera, y pusieran una estación con menos alergías, pues mejor. Pero habría que inventársela. Porque, a algunos, nos afecta. A los políticos los vuelve más tontos y zafios, y no piensan ni lo que piensan. Eso sí, en llenar la saca. Menos mal que llenaran las arcas hasta junio, con el inventito de circular a 110km/h, o a menos, es decir, a paso de Seiscientos Tortuga, que es el nuevo modelo que está ideando Seat para relanzarlo. Pero se lo están pensando para que dure dos meses (es posible que luego devuelvan el dinero), porque, ahora, como los automóviles corren más, gastan más, y acaban sin aire ni energía. Y lo peor de todo, con lo de Libia y Gadafiri, la gasolina ha subido, y no es una noticia primaveral. Con la subida de la gasolina, sube todo. Ya no hay tren, hay subterráneo de vida, porque, desde luego, la primavera no nos dejará olvidar los absurdos meses de invierno, y el otoño más castigador. Y cuando llegue don Verano, el asunto es posible que empeore. Recordemos que Bin Laden está acostumbrado a atentar a finales del mismo, cuando el sol aprieta. En fin, que las cosas, si no las frenan, irán a peor. ¡Qué curioso! De repente me he vuelto un pesimista, que es un optimista sin esperanza, o algo así...

domingo, 20 de marzo de 2011

Hasta los 23, no empecé...


...a escribir en serio. Debido a mi falta de técnica. De hecho, el primer curso de escritura, fue en el Taller de Creación Literaria del Centro Integrado "Teresa de Calcuta". Mis inicios fueron un poco tímidos, y sé de sobra que no estoy dotado para la narrativa, sí, en cambio, como supo ver Javier Díaz, nuestro maestro y amigo durante diez años, para la poesía. Pero, de todas maneras, no fue hasta que me solté con la prosa, cuando me enfrenté a la verdad. En ocasiones, no es necesario el talento, o el don, sino el trabajo. Eso no significa que abandonara la poesía. En realidad, la he dejado aparcada. Ya la retomaré en otro momento. Pero, con los últimos maestros en La Calabaza, la poesía fue retirada de lleno. Doménico Chiappe, porque, de alguna manera, sólo enseñaba narrativa, y el venezolano, porque no tenía nada que ver con lo que enseñaba: narrativa, también. Es decir, que la poesía quedó proscrita y desterrada. Pero, por lo menos, estoy dispuesto a que regrese, por lo menos, en la Biblioteca. Con David Cruz, es posible. Ya lo demostró una vez: que no sólo puede enseñar a escribir cuentos o relatos, sino que la poesía, también. Y, ahora, debería dejar de aparcar ese género lírico, y empezar a escribir. Aunque, es posible, que no ma salga con el estudio y la frescura de antes. Después de todo, han pasado dieciséis años. Y no en vano.