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sábado, 21 de julio de 2012

Un momento de quietud

Ante la esterilidad de algunos días, suelo buscar momentos de quietud, sin escribir; pero leyendo un poco, o en actividades que nada tengan que ver con escribir. Pero, indirectamente, sí.
Por ejemplo, los apuntes de otros, que, desde luego, pasarlos me aburre. Lo reconozco. O lecturas que me he dejado apartadas por ahí. En fin, que hay cosas por hacer. O escribir un poco en la novela que estoy intentando sacar adelante...
También hay momentos de quietud en que, si tomas un par de notas, te quedas tranquilo. Pero la verdadera quietud consiste en dejar que pase el tiempo. Ese tiempo que es tan necesario, y que se valora más alto que el propio oro.

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