
El Emperador que logró conquistar el Continente europeo, para el Imperio francés, murió por el odio de un médico, sabiendo que Napoleón, valía más muerto que vivo. Y razón no le faltaba. En su Diario y Cartas, Bonaparte explica como le duele el estómago, con la fiebre, y con los constantes vómitos que lo dejaban cansado y extenuado, y que hendía y magullaba su propia autoestima. En una de las epístolas al monarca inglés del momento, le cuenta sus sospechas, es el médico inglés que no se despega de él. La misiva fue interceptada, y el Rey ni se enteró.
Años después, se comprobó que Napoleón Bonaparte fue envenenado a propósito, por una gran suma de dinero que unas manos en la sombra le ofrecieron al galeno particular. Poco después, el galeno era ejecutado. Cometer un magnicidio tal, en un héroe y rendido conquistador, equivalía condenarse al cadalso.
¿Demostró el médico ser astuto e inteligente? A mí manera de verlo, el médico, en cuestión, fue detenido, porque tenía las piernas más cortas que su víctima.
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