
Es un desastre que un país tan enorme, con una capacidad de riqueza que aumenta cada día, pero con un Gobierno que no simpatiza con la libertad, se haya echado a perder, por un desbordamiento acuático de alto porcentaje. Se han perdido miles de hectáreas de cultivo, lo que redundará en detrimento de la economía interna del país. Consecuencia: los campesinos, que trabajan por una cantidad irrisoria, dejarán de ganar lo poco que tenían, y el Gobierno deberá actuar más rápido que Japón con las centrales nucleares.
Espero que la tragedia no aumente, porque, en los pueblos pequeños y apartados, la pérdida será muy grande. Han quedado anegadas casas humildes, en un paisaje hermoso, pero desolador. Ya no será lo mismo.
Para los que no viven en el centro de China, de la China industrial y trabajadora, Hong Kong, les pilla muy lejos. Porque el río, en las imágenes, se ha tragado lugares apartados; quizás alguna que otra fábrica de montaje, y un terreno de cultivo rico en cereales. Ya no queda nada. Esperemos que quede algo, y no la imagen de la tragedia.
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