
Pero la historia acababa de empezar. Hank notó como aumentaba su masa muscular. Como crecían de tamaño sus brazos y piernas, y sus capacidades sensoriales. Unas calabazas le habían ayudado a descubrir su gen X, que se manifestó en su transformación de hombre a bestia. Y así lo llamaron: La Bestia.
Podía permitirse hacer todo tipo de cabriolas, saltos y modificaciones de posturas, de marcada tendencia animal. Conocía los rastros, olores y pistas de todo el que se pasaba la esquina. Pero los humanos no lo aceptaron. Pero el Profesor Xavier lo adoptó, y lo entrenó para domesticar, de alguna manera, todas las capacidades de Hank. Pero esto no le curó de su soledad.
La Bestia perteneció a varios supergrupos: Los Vengadores, X Men, X Factor, y fue mentor de los Nuevos X Men. Unos jovenzuelos sin experiencia, y poco control sobre sus hormonas. En la versión de Hollywood, es Consejero del Gobierno de los EE. UU. para la reintegración de los mutantes. Es posible que lo arrastrara su soledad, porque nunca fue correspondido. Y no quita que La Bestia/Hank McCoy es un científico brillante, y sabe a lo que se está enfrentando desde que, con un peligroso y arriesgado experimento, despertó su gen mutante.
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